Málaga vive estos días su cita grande del calendario social, con la Feria a pleno funcionamiento y miles de trajes de flamenca luciéndose por toda la ciudad. En ese contexto, una marca local acaba de dar el salto que llevaba tres años esperando: Berillús, la firma de complementos artesanales fundada por Verónica Maniviesa y Javier Ruiz, ha abierto este mes de agosto su primer espacio comercial propio, en pleno Plaza Mayor, después de imponerse en el programa Open Call de Sonae Sierra. Un aterrizaje que coincide, no por casualidad, con el momento de mayor efervescencia flamenca del año en la ciudad.
Del laboratorio al taller: el origen de una reconversión
La historia de Berillús no nace de un plan de negocio sobre el papel, sino de una reconversión profesional casi accidental. Verónica se dedicaba a la biología y trabajaba en un laboratorio cuando descubrió que ese mundo, pese a apasionarle, no le permitía realizarse ni profesional ni creativamente. Empezó a crear sus primeras piezas casi por impulso artístico y, según relatan ambos fundadores, aquello se vendía prácticamente solo. Fue Javier -con trayectoria en marketing y emprendimiento- quien detectó que detrás de esas primeras piezas había algo más que una afición: había una marca con recorrido.
“Del microscopio al taller”: la bióloga que decidió que su vocación creativa también podía ser un negocio.
Ese tránsito, del microscopio al taller, es la clave que explica el enfoque casi de laboratorio con el que Berillús aborda cada complemento: prueba, error, ajuste y validación antes de que una pieza salga a la venta. No hay ingeniería textil de por medio, pero sí un método. Cada diseño arranca de un color, una tela o una forma que despierta la idea, pasa por un proceso de prototipado en el taller -la pieza que termina saliendo tiene poco que ver con la primera idea, explica Verónica- y solo después de comprobar cómo funciona puesta, y no solo sobre el papel, entra en la fase de elaboración manual: modelar, cortar, hornear, lijar, montar y rematar cada detalle.
El hueco de mercado: el complemento como pieza estructural
El planteamiento de fondo de Berillús es una apuesta contra la idea del complemento como añadido de última hora. Los fundadores insisten en que una peineta, un choker o unos pendientes no deberían ser el remate de un look, sino parte de su arquitectura: la pieza que termina de construir la imagen completa, incluso sobre un vestido sencillo.
El complemento no es un añadido: es la pieza que termina de construir el look completo.
Y, de forma deliberada, la marca ha evitado encasillarse solo en la flamenca: sus piezas están pensadas también para novias, invitadas o cualquier celebración, manteniendo la raíz andaluza pero sin limitarse a un único momento del calendario. Esa combinación -artesanía con identidad muy marcada, pero de uso ampliado- es, según Plaza Mayor, precisamente lo que distingue a Berillús dentro del ecosistema de marcas emergentes malagueñas.
Tres años de crecimiento digital antes del primer local
Antes de pisar un local propio, Berillús ha construido su recorrido casi enteramente en internet. Más de tres años de actividad han dejado una comunidad que supera los 15.000 seguidores en redes sociales, con Instagram como motor principal de descubrimiento de marca, y un modelo de venta online que hoy llega a distintos puntos de España y también al extranjero.
Más de 15.000 seguidores y envíos a toda España y al extranjero, construidos desde un taller en Málaga.
A ese recorrido digital se han sumado experiencias presenciales puntuales -pop-ups de Málaga de Moda en McArthurGlen Málaga y la Plaza de la Marina, y pasarelas como SIMOF en Sevilla- que han servido de termómetro antes de este paso mayor. Los fundadores no ofrecen cifras concretas de facturación, pero describen una curva de ventas progresiva, sostenida por la profesionalización interna de la producción y los procesos.
Plaza Mayor será ahora el primer banco de pruebas real de un punto de venta físico sostenido en el tiempo. Todo un mes de agosto para medir cómo responde un público distinto al que llega por redes, reforzar la presencia de marca en Málaga y -dicen sus creadores- entender qué necesita Berillús para dar los siguientes pasos.
Plaza Mayor, el primer banco de pruebas físico tras tres años de crecimiento en digital.
Para Juan Rafael Perea, gerente del centro comercial, Berillús encarna justo el perfil que busca Open Call: una marca malagueña innovadora, de identidad marcada, capaz de enriquecer la oferta comercial con una propuesta artesanal de calidad.
La hoja de ruta: crecer sin perder el taller
De cara al futuro, Verónica y Javier no hablan de escalar a cualquier precio. Su horizonte a dos o tres años pasa por consolidar un espacio físico estable, valorar la expansión a otras ciudades solo cuando tenga sentido y ampliar equipo para poder producir más sin industrializar el proceso artesanal que da sentido a la marca. El crecimiento digital seguirá siendo, aseguran, el motor que les permite llegar mucho más allá de Málaga.
El objetivo no es crecer por crecer: es sumar equipo y ciudades sin industrializar el taller.
Mientras tanto, este verano feriante servirá de escaparate doble: el de la ciudad vestida de gala y el de una marca que, sin salir de su taller, ha decidido que también los complementos merecen su propio proceso de investigación y desarrollo. El reconocimiento EMI 2026 a Mujer Emprendedora Malagueña, que recibirá este año Verónica Maniviesa, corrobora que el jurado del sector ya ha tomado nota.

