La emoción del Premio Bandera de Andalucía a la Economía y la Empresa, y la velada en la que se confirmó un contrato de 32 millones de euros en Dubái, una mezcla de vértigo, alivio y orgullo que llegó en el mejor momento.
Luces y sombras
Su camino empresarial tuvo un giro brusco cuando se vio completamente embargado, amenazado y arruinado. Ese punto crítico lo enfrentó a sus propios límites. Pero también vivió un hito luminoso: cerrar un cliente de 10 millones de envases, operación que desencadenó un círculo virtuoso y dio estabilidad a su proyecto.
¿Una rectificación?
Más que rectificar, Rodríguez habría acelerado ciertos movimientos. Abandonar negocios destinados a hundirse o anticiparse a delegar en mejores manos. Aunque una de sus mayores frustraciones llegó con un socio en quien depositó plena confianza y que resultó ser “humo y futuribles. Se aprovechó de mi posición, de mis contactos y de mis empresas”, lamenta. Aquella desilusión no fue económica, sino mental. El aprendizaje apareció después: comprender que no existen escalones empresariales que te sitúen “por encima”, que el ego —propio y ajeno— distorsiona, y que desprenderse de personas tóxicas es, en realidad, un acierto que fortalece.
Mensaje al emprendedor que fue
“Le recordaría tres prioridades innegociables: foco en la caja, foco en el negocio y foco en las personas. Negocios con escalabilidad, estructuración patrimonial desde el inicio, aunque no tengas nada e internacionalizarse lo antes posible”.

