Cerrar

Rafael Urquizar: “El talento creativo no garantiza el éxito empresarial”

Desfilar en París abre puertas, pero no paga por sí solo las facturas de un taller y eso es algo que Rafael Urquizar lo sabe muy bien. El diseñador malagueño conoce esas dos caras de la moda: la creación y la gestión de una empresa que debe sostenerse con encargos, clientes y control de costes. Después de más de tres décadas de trayectoria, Urquizar defiende que la notoriedad no equivale al éxito empresarial.

El diseñador malagueño Rafael Urquizar comparte reflexiones sobre la dimensión económica tras una firma de moda como la que dirige.

El diseñador malagueño Rafael Urquizar comparte reflexiones sobre la dimensión económica tras una firma de moda como la que dirige.

Un vestido de novia exclusivo de Rafael Urquizar parte de los 3.800 euros. Detrás de ese precio hay tejidos, patronaje, pruebas, horas de confección y profesionales especializados. También una empresa que debe sostenerse todo el año. Es la cara menos visible de una empresa de moda como la que él dirige. El diseñador malagueño, que acaba de presentar colecciones en París y Madrid, tiene muy claro que el reconocimiento no garantiza que salgan las cuentas.

“Creo que una de las ideas equivocadas que existen sobre esta industria es pensar que el talento creativo garantiza el éxito empresarial”, afirma Urquizar. Su reflexión revela lo que no muestran las fotografías de los desfiles: “Ser diseñador y dirigir una empresa son dos profesiones que deben convivir”.

Desde Málaga, Rafael Urquizar está al frente de una firma que lleva su nombre y en la que conviven la costura a medida, la moda nupcial y las colecciones de prêt-à-couture. Su modelo de negocio no busca competir en volumen con las grandes cadenas, sino hacerse un hueco en el mercado a través de la exclusividad, la atención personalizada y una identidad propia.

Detrás de esa apuesta por la singularidad y del carácter único de sus prendas hay mucho más que creatividad y dominio de la confección. También una forma de entender el oficio en la que cada diseño exige atención al detalle, tiempo y recursos, y donde la libertad creativa debe convivir con las exigencias de gestionar una empresa. Rafael Urquizar ha ido construyendo ese equilibrio a lo largo de varias décadas de trayectoria. El diseñador malagueño se formó en ESMOD París y pasó por firmas como Gianfranco Ferré y Cortefiel, experiencias que le permitieron conocer la moda desde distintas perspectivas antes de afrontar el reto de dirigir su propio negocio.

Rafael Urquizar ultima detalles antes de uno de sus desfiles.
Rafael Urquizar ultima detalles antes de uno de sus desfiles.

Un vestido de 3.800 euros y muchos costes detrás

La dimensión empresarial empieza antes de vender una prenda. Frente a la producción industrial, la moda de autor dedica recursos específicos a cada encargo: materiales, patronaje, pruebas y confección. Buena parte de ese trabajo pasa inadvertida en el resultado final.

En el plan de negocio de una firma así, Rafael Urquizar sitúa la mano de obra especializada entre sus principales gastos. «La costura requiere profesionales con una formación muy específica, y ese conocimiento tiene un valor que debemos aprender a reconocer», apunta.

En su línea nupcial los vestidos exclusivos parten de los 3.800 euros, como se apunta anteriormente, aunque el importe depende del diseño y las técnicas empleadas. El precio, sin embargo, no equivale al beneficio: debe cubrir producción y mantenimiento del taller.

La gestión debe adaptarse a cada encargo porque los recursos necesarios varían, por eso considera más importante mantener una actividad continuada durante el año que alcanzar un volumen fijo de ventas. “La rentabilidad se consigue mediante una buena planificación, un control riguroso de los costes y una estructura empresarial proporcionada”, explica.

Rafael Urquizar durante uno de sus desfiles, donde presenta sus creaciones y refuerza la proyección internacional de su firma de moda malagueña.
Rafael Urquizar durante uno de sus desfiles, donde presenta sus creaciones y refuerza la proyección internacional de su firma de moda malagueña.

«Ser diseñador y dirigir una empresa son dos profesiones que deben convivir». Rafael Urquizar reivindica la gestión económica como parte esencial de la moda de autor.

París como escaparate y como inversión

El calendario reciente muestra otra dimensión del negocio: invertir para posicionar la marca. El 2 de octubre presentó en París Malaka, su colección primavera-verano 2027, segunda aparición en la capital francesa este año. El día 20 mostró en Madrid Contrast, su propuesta nupcial Bridal 2028, en la Real Fábrica de Tapices.

Los desfiles aportan visibilidad, pero exigen recursos antes de conocer su resultado comercial. “Un desfile no debe entenderse únicamente como un acontecimiento artístico, sino como una inversión en identidad, comunicación y futuras oportunidades comerciales”, sostiene.

La costura a medida y la moda nupcial permiten una relación directa con las clientas; las colecciones y pasarelas refuerzan la proyección de la marca. “Desde el punto de vista empresarial, considero importante que ambas actividades se complementen”, añade Rafael Urquizar.

Sus vestidos de novia exclusivos parten de los 3.800 euros, un precio que debe cubrir materiales, mano de obra especializada y los costes de mantener el taller durante todo el año.

Crecer desde Málaga sin trasladar la empresa

La internacionalización plantea cómo ampliar mercados sin abandonar Málaga. Urquizar reconoce que las capitales de la moda concentran compradores, medios y contactos profesionales. Trabajar lejos de esos centros exige esfuerzos adicionales, pero rechaza que mudarse sea imprescindible. “No creo que para triunfar fuera tengamos necesariamente que marcharnos”, señala.

Quiere que la proyección internacional genere oportunidades comerciales sin romper el vínculo con su ciudad. Identifica dos obstáculos principales: financiación y escasez de profesionales especializados. Desarrollar una colección obliga a invertir antes de conocer su acogida; mantener la calidad requiere personal formado en patronaje y confección.

Por todo ello, el creador malacitano pide apoyo institucional también para formación, comercialización y financiación. “Los desfiles y los eventos son importantes porque aportan visibilidad, pero no son suficientes para crear un tejido empresarial sólido”, advierte.

Desfilar en París supone una inversión en prestigio y oportunidades comerciales. El diseñador malagueño apuesta por crecer internacionalmente sin trasladar su empresa fuera de Málaga.

El prestigio no sustituye a una buena gestión

La experiencia ha modificado su idea del crecimiento. No persigue necesariamente una empresa mayor, sino una estructura que preserve su identidad, atienda a sus clientas y aproveche oportunidades sin comprometer su viabilidad. “El prestigio de una marca es un activo extraordinario, pero debe ir acompañado de una gestión económica responsable”, afirma. A los jóvenes diseñadores les aconseja dominar el oficio y conocer los números.

La próxima colección de Rafael Urquizar puede que lo lleve de nuevo a París. Pero el futuro de su firma seguirá decidiéndose lejos de los focos, entre encargos, costes y cuentas que deben cuadrar.

scroll to top