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La ilusión, el mejor regalo de la Navidad

Navidad

Claudia Anaya. Redactora de Vida Económica.

Érase una vez, en una tierra de sol, mares y buena gente, un rey mago llamado Love You, aunque era más conocido como LY. No venía de Oriente, pero sí de la mágica y bella ciudad de Málaga. Era un rey mago generoso, por ello sabía que debía repartir felicidad a niños especiales. Niños repletos de amor y valentía, y sobre todo, con algo de lo que la sociedad a veces carece: humanidad.

Aquellos pequeños si algo tenían claro era que todos somos iguales. Independientemente de nuestra historia, dinero o raza. Sabían dar amor, y nadie se lo había enseñado. A sus espaldas llevaban historias llenas de dolor que nunca merecieron. Vivían en centros de acogida, muchos de ellos eran huérfanos, otros tantos no sabían de sus padres. Sin embargo, todos eran capaces de dar amor. Tenían almas limpias que conocían, con tan pocos añitos de edad, lo verdaderamente importante de la vida y el sentido de la Navidad: ser buenas personas.

Ellos no discriminaban, no comparaban. No se quejaban por no tener el juguete de moda. Ellos eran verdaderos héroes, verdaderos maestros.

De tal modo, el Rey Mago LY decidió acudir a una cita de lo más especial, cargado de regalos que entregarles a estos niños, así como un buen rato y risas por doquier.

Su majestad LY, acompañado siempre de pajes y muchos ayudantes, solía vestir de azul. Lo hacía como símbolo del agua, manantial de vida. Así que decidió crear una fundación que ayudara a todos estos niños. Ly Company, agua y vida, la llamó. LY repartió ilusión, alegría, amor y esperanza a niños que realmente lo necesitaban. La verdadera magia de la Navidad y capaz de brillar incluso más que las luces de calle Larios sabía que era, sin lugar a duda, la mirada agradecida de aquellos niños.

El rey Mago LY repartió mucha felicidad en Navidad y gracias a la ayuda de sus pajes pudo mantener su discreción y ningún niño lo vio. Debía conservar la magia para años venideros, ya que él daba regalos a cambio de uno mayor, lecciones de vida llenas de fortaleza. Volvió a admirar de ellos la inocencia y las ganas de reír, por muy difícil que lo tuvieran y sin buscar tantas excusas. LY sabía que no había mayor regalo que ese.

LY creía en el verdadero significado de estas fechas. Así que se despidió hasta el año que viene con el corazón repleto de agradecimiento. Tenía que seguir trabajando para, dentro de 12 meses, volver a ayudar a aquellos niños a escribir su propio cuento de Navidad.

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