Si Albert Einstein levantara la cabeza… haría un módulo de FP

En España llevamos años reivindicando la mejor adecuación de la Formación Profesional a la realidad empresarial frente a la que pueda ofrecer la educación superior universitaria. Lo de las ventajas de un buen módulo de FP sobre su hermana mayor académica en términos de empleabilidad es un argumento bastante trillado que, sin embargo, nunca ha terminado de cuajar del todo.

Probablemente, porque, en realidad, se decía con la boca pequeña y en muchos casos no se trataba más que de una treta para desviar tráfico y tratar de descongestionar las atestadas aulas universitarias. Al final, el prestigio de un título universitario firmado por S.M el Rey pesaba demasiado, y muchos de los que de boquilla y en foros públicos defendían a la FP como la gran alternativa educativa para los jóvenes, no la querían luego para sus propios hijos. La FP era buenísima, sí, pero para otros.

Una especie de justicia poética, sin embargo, ha acabado dándole la razón a aquellos hipócritas descreidos. Y es que se diría que los nuevos escenarios laborales y el propio concepto de empleabilidad parecen haber sido diseñados por un Creador todopoderoso… y recién salido de una FP.

En realidad todo en los actuales ecosistemas de negocios conecta a la perfección con el modelo educativo que propone la Formación Profesional. En primer lugar, por su agilidad y su perfecto matching con las necesidades empresariales de cada momento: programas cortos, modulares, muy específicos y que se nutren de las propias demandas del mercado.

Esa agilidad supone ya una infinita ventaja a la hora de suministrar perfiles profesionales cualificados a un mercado laboral en constante evolución y en el que las novedades se producen a una velocidad sencillamente inasequible para los burocráticos itinerarios académicos de la formación superior. Las universidades dirán que no, que se han adaptado e incorporado el ‘turbo’ a esos procesos. Pero confiar en que una carrera universitaria de cuatro años tenga la capacidad de respuesta que requieren los caprichosos volantazos de la economía y la sociedad actuales sería como esperar que un luchador de sumo peleara por las medallas en la final olímpica de los 100 metros lisos.

La agilidad entronca directamente con la flexibilidad.  Los módulos de FP pueden fácilmente conectarse, combinarse, complementarse y ofrecen muchas más opciones de personalización que los rígidos planes de estudios universitarios. No son un puzle en el que cada pieza tiene su lugar; son un lego abierto a múltiples posibilidades. También el acceso a los mismos es más adaptable. Los estudiantes adquieren una dinámica de entrada y salida en función de las necesidades del momento o de su propio momento personal, muy alineada con la actual tendencia de buscar una formación continua a lo largo de la vida.

El propio concepto de la FP ayuda a desarrollar en sus estudiantes una serie de habilidades que encajan a la perfección con los estilos de trabajo actuales. Trabajo por proyectos, orientación a resultados, trabajo en equipo, adaptabilidad, habilidades digitales o resolución de problemas son herramientas que aprenden a manejar durante su formación. Unos estudiantes que, además, se incorporan más jóvenes al mercado laboral, con lo que su inmersión en los entornos de trabajo es más rápida y efectiva. Para cuando sus amigos universitarios terminen su máster y se pongan a trabajar, ellos ya habrán completado varios MBA ‘on the job’.  

Todas estas cualidades no han pasado desapercibidas para las empresas, lo que ha provocado que desde los departamentos de reclutamiento y selección se mire con creciente interés en la dirección de la FP como fuente de talento por descubrir. Sobre todo, para aquellas compañías más valientes que están dispuestas a romper con los viejos paradigmas en materia de selección.

Porque el de la FP se trata, en muchos casos, de un talento fuera de menú. Muchos de estos candidatos se han negado a seguir el “roadmap” tradicional que se espera de un demandante de empleo. Estas personas no solo han estado en contacto con las necesidades y tendencias empresariales a lo largo de su formación, sino que su curiosidad les ha llevado a acumular experiencias muy distintas, y no todas necesariamente exitosas. Han tenido la oportunidad de hacer prácticas, de desempeñar trabajos poco cualificados, de viajar, de cursar programas en materias que entroncan con sus intereses personales, puede que de intentar la aventura universitaria y hasta de hacer sus pinitos en el mundo del emprendimiento.

Una trayectoria corta en tiempo pero intensa en vivencias que les ha aportado una serie de capacidades (creativas, de superación, de resiliencia…) más que interesantes. Si a ese bagaje le sumamos los conocimientos técnicos y habilidades que les transmiten en estos programas y el contacto con otros compañeros de procedencias y backgrounds muy diversos, estos perfiles se convierten en objeto del deseo y verdaderos diamantes en bruto para cualquier empleador.

Alejandro González                                                                                                      CEO de Taalentfy