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Paco Ávila. Del sistema que lo expulsó a reinventar la educación

"Yo era un estudiante patético. Pero no porque no me gustara aprender -siempre he sido muy curioso-, sino porque el sistema te escupe”. Así arranca Paco Ávila, empresario andaluz y actual presidente de UTAMED, una conversación sin filtros que es al mismo tiempo biografía, lección de emprendimiento y manifiesto educativo.

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Paco Ávila, presidente de Utamed

El sistema educativo tradicional no estaba hecho para él. No quería memorizar, ni quedarse quieto en un aula. “Ahora lo llamarían TDAH, pero entonces solo eras ‘nervioso’. Era imposible que me sentara a escuchar a alguien leyendo un libro. Me aburría”. Aquella ‘patología del movimiento’ sería años más tarde su principal motor para fundar iniciativas como Medac -referente en formación profesional- y ahora Utamed, una universidad digital con ambiciones internacionales.

Para el 30 de julio le han prometido a Paco convertir los 7.500 metros cuadrados de la antigua sede de Coritel (Accenture) en el PTA en la moderna sede de la Universidad Tecnológica Atlántico Mediterráneo (UTAMED). Ataviados reglamentariamente recorremos una inversión de seis millones de euros en la que está previsto que lleguen a trabajar 500 profesionales. La remodelación del edificio, proyectada por el joven estudio Flow 81, combina paredes de esparto – “esparto andaluz”, apunta Ávila- palillería de madera, gigantes cristaleras y pasarelas abiertas entre zonas frondosas.

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Infografía del proyecto de Utamed en Málaga TechPark

El presidente de UTAMED fue uno de los fundadores de la compañía de Formación profesional Medac. Hoy marca distancia con un proyecto con el que ya no se siente identificado. No obstante, la historia de Ávila en el sector educativo no comienza con Medac, ni mucho menos.

Este emprendedor surfero encuentra su vocación en Canarias, adonde decidió ir a estudiar INEF para retrasar el más que previsible destino de descargar sacos en el Mercado junto a su padre. Se enamoró de la fisiología del ejercicio gracias a un catedrático que le abrió las puertas del laboratorio. Pasó a ser el mejor expediente de su facultad, de la universidad, y llegó a ganar un premio nacional. De allí, becas, investigación y una plaza en la incipiente Universidad de Extremadura donde empezó a estudiar Derecho. La razón: necesitaban su ayuda para diseñar un centro de tecnificación deportiva.

Y entre planos, proyectos y ‘fisios’, un abogado le cambió la vida: Vicente Montes. Le mostró que un suelo deportivo podía contener usos compatibles -desde oficinas hasta cines- y así nació su otra obsesión: entender el urbanismo como palanca de transformación social a través del deporte. “Ahí descubrí que podía haber una industria brutal en torno a los centros deportivos”.

Con esta visión, empieza a concursar suelos y a crear una red de operadores para los centros deportivos que desembarcaban en España a principios de siglo. Entra en contacto con arquitectos, promotores y empresarios. Por su actividad en el mundo del deporte conoce, entre otros, al que será su amigo y socio en tantos proyectos, Javier Imbroda. Funda Punto Activo, una empresa de 80 personas que planifica y coloca suelos por toda España.

El escudo de la Universidad representa las provincias andaluzas y evoca el legado árabe y fenicio de nuestra cultura.

En el centro educativo EADE monta la carrera de Deporte, pero pronto se da cuenta de que la verdadera revolución del momento estaba en la Formación Profesional. “Empezamos viendo que en los centros deportivos los gerentes sabían de deporte o de números, pero no de las dos cosas. Había un hueco gigante. Y vimos que la FP estaba completamente denostada. Dijimos: vamos a empoderarla”.

Así nace Medac en 2012. Un centro de FP privada en deporte y salud que creció de forma explosiva, primero en Málaga y luego en toda España. Pero su éxito no fue inmediato ni pacífico. “Nos pusieron 69 denuncias. Asociaciones de todo tipo. Incluso hubo quien no se subía en algunos Cabify porque decíamos ‘espabila, cateto’”. Era su campaña de comunicación. Y funcionó.

En paralelo, en 2004 Paco había creado AMS Policlínico con su amigo Guillermo Álvarez. «Gané un concurso en el Martín Carpena para planificar relaciones funcionales. Guillermo era médico y colega del surf. Le dije que se viniera y montamos la empresa juntos, empezando en un cuartillo. Fuimos creciendo, derivamos hacia fisioterapia. Llegamos a tener 80 empleados y 2,5 millones de euros de facturación». Hoy AMS Cetro Médico del Ejercicio sigue funcionando con más de 100 personas.

«Fue un error vender al que más me pagó. Crecimos muchísimo, pero yo perdí el sueño.»

En 2018 Medac ya contaba con 16 centros y facturaba millones cuando Javier Imbroda, unos de los socios junto a Paco Ávila y Miguel Reinoso, entra en política. Vende su parte de la fulgurante empresa al fondo español Queka Real Partners. “Miguel Reinoso y yo nos quedamos como minoritarios. Yo seguí como CEO”.

En 2021 entra en escena el fondo neoyorkino KKR. “Fue un error vender al que más me pagó. Crecimos muchísimo, pero yo perdí el sueño”, recuerda Paco sobre la etapa más agotadora de su vida. Lo dejé en 2022. Había perdido el alma de lo que era Medac. «El fondo KKR es una compañía espectacular, pero es gigante y los ejecutivos no entienden mucho de educación. Su función es eficientar (sic) por gastos. Yo sigo siendo socio de un porcentaje, pero no estoy ya en el día a día de la compañía», comenta Ávila.

El nacimiento de Utamed

La Universidad Tecnológica Atlántico Mediterráneo (UTAMED) es el penúltimo proyecto de este empresario que montó su primera empresa con 22 años. El curso arranca este septiembre con 21 titulaciones oficiales, 8 propias y el respaldo de Fundación Unicaja (40%) y Vocento (25%). El resto del accionariado lo comparten el propio Ávila (15%), Enrique Martín navarro (12%) y Miguel Reinoso (8%). Utamed, cuya idea empezó a fraguarse hace 10 años, nace como respuesta a una necesidad: crear una universidad conectada con la empleabilidad. «Queremos mantener la triada: docencia, investigación y transferencia. Pero para eso hay que hablar con las empresas”, señala Paco Ávila.

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Se prevé que la remodelación del edificio esté finalizada para principios de verano.

Todas las titulaciones, tanto de grado como de máster, tienen formato online o híbrido. «El modelo presencial está bien, pero hay gente que tiene que trabajar, que no puede permitirse trasladarse. Queremos democratizar la universidad» dice Ávila, satisfecho de unos números que van acompañando: “Calculamos unos 2.000 alumnos el primer año, un 30% más de lo previsto inicialmente”.

El objetivo a cinco años es superar los 10.000 alumnos y convertirse en el gigante de la formación online de calidad. «Mi sueño es sacar un grado universitario a 2.000 euros. Que cualquiera pueda estudiar”, apunta.

Atento al ‘flujo del río’

Crítico con los luditas modernos, a Ávila no le incomoda la incertidumbre; al contrario, la habita. En UTAMED, su nueva aventura, reivindica la tecnología como palanca para romper barreras y apuesta por una educación online accesible muy enfocada en las soft skills.

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Paco Ávila quiere recuperar el conocimiento empírico de los mayores

Tiene una cruzada personal: recuperar el conocimiento empírico de los mayores. Su padre, quien le animaba a estar pendiente del ‘flujo del río’ como metáfora del mercado, «sabía cuándo cobrar a los clientes porque los tenía calados». Ese conocimiento «no está en los libros, pero vale oro. Hay que traducirlo, estructurarlo, antes de que se pierda para siempre», concluye.

Un emprendedor multimodo

Paco Ávila (1975) fue velocista en su juventud. “Malo pero estético», ríe. De ahí que en inversiones ajenas mantenga un perfil cortoplacista. Sin embargo, en las empresas que crea tiene alma de fondista: “Cuando las monto yo, me cuesta mucho desprenderme de ellas. Son como hijos”, apostilla Ávila sobre sus empresas.

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Paco ha participado en numerosas compañías a través de su sociedad de capital riesgo. Desde Playtomic -la app de reservas deportivas que ya está en EE. UU.- hasta startups como Genial.ly, Cover Manager o Payflow. Pero también ha fracasado: “Con Gurucall palmamos dos millones. Un desastre. Montamos algo muy grande y no supimos adaptarlo al mercado”. Ávila invierte en personas. «Yo me voy a su casa, veo cómo vive, si está obsesionado con su empresa. Si es así, le meto dinero. Porque eso, por feo que suene, suele funcionar.»

UTAMED en cifras

Empleo: 500 EMPLEADOS en los próximos 4 años

Alumnos:≈2.000 previsto el primer año

Titulaciones: 21+8 OFICIALES + PROPIAS (Grados y máster)

Sede: 7.500 M2

Coste medio: 3.900€ por curso (Posibilidad de acceso a beca oficial)

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