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El CEO de Aceites Málaga: “Hay que quitarse el miedo a salir fuera porque no hay barreras”

Antonio Fco. Pérez González (1973, Puerto del Barco, Antequera) es el CEO de Aceites Málaga, una empresa envasadora de gran trayectoria, que ha sabido adaptarse a todos los cambios y a las sucesivas crisis. La Covid-19 ha supuesto un golpe imprevisto para todo el sector oleícola. Gracias a su diversificación y a la inquietud permanente por desarrollar nuevos productos, ha podido salir airosa de esta tormenta perfecta.

ACEITES DE MÁLAGA VIDA ECONÓMICA

Antonio Francisco Pérez González cogió las riendas de la empresa desde muy joven.

Son una de las mayores envasadoras de toda España por tipología de aceites…
Actualmente envasamos más de 50 tipos de aceite. Si se refiere a tamaños y formatos, la cifra se multiplica. Comercializamos aceite de linaza, de nuez, de pepitas de uva, de maíz, almendra, soja, girasol alto oleico, de aguacate -que se exporta por completo- aceite de coco, etc. Dentro del capítulo del aceite de oliva, envasamos el virgen extra, el ecológico, orujo de oliva, refinado, incluso llegamos a producir para Emiratos aceite de oliva con oro de 22 kilates. También comercializamos aceites de oliva con esencia de orégano, trufa blanca, albahaca, chocolate, limón, naranja, etc. Nuestro porfolio, como ve, es bastante extenso.

¿Por qué una familia tan amplia de productos ligados al aceite?
Pues todo surgió después de visitar otros países y ver qué consumían. Descubrí productos que aquí no estábamos acostumbrados. Por ejemplo, el aceite de nuez que ahora si está más extendido entre la alta restauración. En Emiratos Árabes, es común ver el aceite con azafrán. Nuestro objetivo ha sido siempre innovar en productos y formatos. En realidad, cuando llega el cliente le hacemos un traje a medida. Puede elegir el tipo de aceite, el formato y el envase; bajo marca o suya propia. También nos adaptamos al estilo de botella de cada país. Fíjese, en España la capacidad común para envasar el virgen extra es el litro mientras que en Emiratos prefieren botellas de 1,2 y 1,8 litros. Lo nuestro es un ‘llave en mano’. Siempre lo digo, en realidad, somos una envasadora multiformato.

Pero hacer todo esto implica gran dificultad a la hora de articular las líneas de producción, ¿no es cierto?
Efectivamente. Nuestra piedra angular es la flexibilidad en los procesos de fabricación. Somos tremendamente ágiles en lo que a envasado y formatos se refiere. Incluso elaboramos aceites ‘blended’. Aquí no están permitidos pero en otros mercados sí. Puedes mezclar aceite de aguacate con algo de oliva. En China, les gusta la combinación de oliva y girasol; linaza y pepitas de uva. El mercado de Singapur prefiere el virgen extra mezclado con orujo. Y, en Corea, están descubriendo el virgen extra ecológico. Tienen mucha tradición en el consumo de aceite de pepitas de uva. Como puede ver, al final, nos hemos convertido un poco en chefs del aceite.

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¿Bajo qué marcas comercializan su gran portfolio?
Básicamente, Flor de Málaga, germen de la familia, Perezsol, Dalysol, Didilio y Sabor del Sur. Además de los aceites, vendemos encurtidos, aceitunas, conservas vegetales, salsas, café, vinagres y especias.

¿Sigue siendo China su principal mercado exterior?, ¿a qué otros mercados exportan?
China es el principal destino. Incluso en la situación de pandemia, las cifras han subido. No ha sido un volumen significativo pero el suficiente para equilibrar nuestras cuentas. Principalmente, los crecimientos se han producido en el canal Alimentación. Hoy por hoy, el Gigante Asiático representa la mitad de toda nuestra exportación.
El resto, por este orden, son Emiratos Árabes, países del Golfo de Guinea como Nigeria, Gambia o Senegal. También India, y hemos empezado a exportar a Venezuela.

¿Por qué eligieron primero mercados de larga distancia en lugar de apostar por la Unión Europea, más cercana y fácil?
Cuando empezamos a exportar nos decidimos por China. Pensé que cuanto más lejos habría más posibilidades y algo menos de competidores. Llevamos casi una década.

Es inevitable hablar de la Covid y su impacto en las empresas del país. En su caso, ¿cómo les está afectando la pandemia?
Los meses que coincidieron con el confinamiento domiciliario –marzo a mayo- fueron duros. Nadie del sector del envasado fue ajeno. Hemos bajado aunque mucho menos de lo que esperábamos. De hecho, hemos resistido porque teníamos también el canal Alimentación donde, por cierto, hemos aumentado cuota. Además, el capítulo de exportación nos ha ayudado mucho. Actualmente, lo exterior representa un 20 por ciento de las ventas de Aceites Málaga. A decir verdad, estamos contentos con esta ligera bajada si nos comparamos con el resto de envasadores. Desconocemos qué ocurrirá en los próximos meses. Las noticias no son nada halagüeñas. La esperanza está en la llegada de turistas a Canarias y en la posibilidad de que Málaga pueda unirse a ese corredor seguro de turistas.

¿Qué medidas están tomando para eludir esta tormenta?
Nuestro objetivo, sin duda, es aumentar las ventas fuera de España y abrir nuevos mercados. Extenda y la Cámara de Comercio de Málaga nos están ayudando con la participación en ferias virtuales y asesoramiento internacional. Aunque se han reducido al máximo los encuentros físicos, siguen celebrándose eventos en la red y fomentándose el networking con clientes de forma remota. Recientemente, la Cámara organizó una webinar sobre la situación y potencialidad de Colombia como mercado de futuro. También hemos participado en la feria China International Import Expo (CIIE). A causa de la Covid, tuvimos que contratar a profesionales locales para atender el stand.
Seguimos activos y buscando negocio allá donde surge. Soy consciente de que una empresa como la nuestra no puede parar, ni esperar a que el tiempo pase.

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En cuanto a productos, ¿qué novedades tienen?
Pues ha repuntado el formato de monodosis individuales. Hemos tenido suerte porque ya operábamos esa línea de producción y estábamos preparados para cubrir esa nueva demanda. No obstante, y para curarnos en salud, invertimos en nueva maquinaria para aumentar la fabricación. Iniciamos la venta en España, no obstante, por el tema de la pandemia han comenzado a demandarla casi todos los mercados donde estamos presentes. Todo se ha acelerado porque la hostelería quiere garantizar la seguridad del comensal.
De cualquier forma, estamos trasvasando producción del canal Hostelería al de Alimentación. Y, precisamente, este 2020 hemos abierto una nueva línea de especias. Al igual que exportamos, también realizamos importaciones de productos interesantes. Es el caso de la Sal del Himalaya. Son ‘granitos de arena’ que van contrarrestando el descenso del canal Horeca. Asimismo, estamos aumentando la venta de aceite de aguacate en el exterior.

Realmente, ¿cuánto volumen envasan?
Pues el año pasado terminamos con 21 millones de litros envasados. Y de este volumen, casi un 40 por ciento lo representa el aceite de oliva. El denominado ‘oro verde’ ha ido creciendo paulatinamente cada ejercicio. Hoy día, es el corazón de nuestro negocio.
Si le digo la verdad, en todas las crisis por las que hemos pasado; la del 93’, la del 2008’ hemos crecido siempre. Y en esta, nos mantenemos porque está golpeando, sin miramientos, a todos los sectores vitales que son el turismo, la hostelería y la movilidad.

¿Qué piensa de esta crisis?
Lo estamos pasando muy mal todos porque la demanda se ha parado en seco y no podemos llevar ese consumo a otro sitio, ni a otro país. No solo está afectada la distribución sino el transporte, el campo, etc. Ha sido un efecto dominó.

¿Qué le pediría a los políticos y a la administración pública para recuperar el ritmo económico y proteger a las empresas en esta situación tan dramática?
Pues lo primero, pensar en cómo solucionar este problema y cesar los reproches.
Veo con optimismo el tema de los corredores turísticos. Si a Canarias le va bien con el suyo, Málaga podría incorporarse y supondría un balón de oxígeno para el turismo. En mi opinión, deberían hacerse muchos PCRs para aumentar el control y mostrar una imagen de seguridad. Y, por supuesto, que la gente sea más responsable. Dicho esto, hay que seguir viviendo dentro de esta ‘nueva normalidad’ y mirar hacia adelante. / J.A.GÓMEZ

Una historia ligada al envasado

A principio de los 70’ los padres de Antonio se mudan de la zona de Antequera a Málaga. Durante mucho tiempo, habían trabajado el campo, sobre todo, el trigo y los olivos. Francisco Pérez Godoy, el cabeza de familia, comienza a vender aceite en la capital. Instala un despacho en el que “la gente traía sus propios envases para llenarlos de aceite”.
Hay que esperar a 1987 para ver nacer la sociedad Aceites Málaga. Por entonces, solo comercializaban oliva y girasol. En 1992, y con tan solo 19 años, Antonio Pérez se ve obligado a tomar las riendas del negocio tras el fallecimiento prematuro de su padre. Recuerda su bautismo de fuego en plena crisis. “Un periodo nada fácil donde aprendí rápidamente”. Tras llegar, piensa que se pueden incorporar los vinagres y así lo hace. Durante un tiempo, comparte la dirección con sus hermanos que, poco a poco, van desligándose del proyecto familiar.

Seis años más tarde, ya están vendiendo sus productos a nivel nacional y en 2000 nace su marca más popular: La Flor de Málaga. Empiezan a ganar velocidad pero no es hasta 2008 cuando se produce el verdadero salto. “Nos abrimos a más tipos de aceite y ampliamos mercado”. Además, incorporan tres líneas de envasado que les permite alcanzar una capacidad de producción de 600 toneladas anuales. Aunque tantean el mercado exterior, hay que esperar a 2010 para ver consolidada la exportación. En poco tiempo, exportan a 13 países con China como principal destino. En 2019, la Cámara de Comercio les distingue como ‘La Mejor Pyme del Año’. Hoy día, comercializan unos 21 millones de litros de aceite al año.

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