Los analfabetos del siglo XXI: ¿quiénes serán?

¿Cómo será el siglo XXI desde el punto de vista profesional? Esperanza de vida aproximándose paulatinamente a los 100. Carreras profesionales de 60 a 70 años. Cambios laborales cada 5, 6 años. Aprendizaje permanente porque el conocimiento se queda obsoleto cada 4, 5 años[1]. ¿Quiénes serán -en este contexto- los analfabetos en el siglo XXI? Ya lo señalaba hace años Herbert Gerjuoy[2]:

Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.

Desde esta premisa de Herbert Gerjuoy, la educación -una vez más- se convierte en el pilar para construir una sociedad sostenible, resiliente, preparada para seguir progresando. Pero, ¿cómo se enseña eso de aprender, desaprender y reaprender? ¿Nos estamos enfocando en eso hoy? Creo que no, o por lo menos no como una estrategia y práctica generalizada de familias, educadores y empresas (porque la educación sigue en las empresas).

Construir una sociedad enfocada en el aprendizaje implica, entre otras acciones:

  1. Introducir el pensamiento crítico en la educación, desde preescolar hasta postgrado. Promover, activar y valorar el pensamiento independiente, protagonista. Primar los modelos mentales de aprendiz, da igual la edad que se tenga. Las palabras por qué y para qué deberían ser parte del lenguaje básico de cualquier estudiante.
  2. Introducir el aprendizaje experiencial, no para enseñar a sumar, calcular la aceleración o el VAN de una inversión. Tampoco para transmitir dónde está la aorta, o qué función desempeñan los telómeros… Pero sí para entrenarnos en cómo aplicar todos estos conocimientos en la vida real.
    También para entrenarnos en cómo relacionarnos de forma sostenible, positiva y colaborativa con los demás, sean estos compañeros, clientes, colaboradores o accionistas.
  3. Introducir una cultura de feedback permanente. Valorar no es malo, es una oportunidad de mejora. Examinarse no es un problema, ni el fin del mundo; es una orientación sobre cómo progreso y qué me queda por aprender. Recibir feedback no es una amenaza, es un regalo para conocerme mejor y poder seguir creciendo.
    Una cultura de feedback no sólo a los alumnos. Sino a todos los actores del sistema: gerentes de los centros educativos, padres, profesores, proveedores, departamentos de RRHH que contratan programas en Company…
  4. Introducir la figura del formador/profesor como agente de cambio. Un rol de exigencia desde las habilidades del mentor o del coach. Saber cuestionar a los alumnos, saber retar a los participantes. Saber empoderar al grupo como equipo autónomo de aprendizaje. Ser modelo de humildad y ejemplo de aprendizaje permanente. Amante del aprendizaje participativo.
  5.  Introducir un modelo de aprendizaje Onmi – Canal. On Line, Sesiones síncronas y asíncronas. Teatro. Simulaciones. Practicas. Tutores externos al centro educativo. Experiencias prácticas. Intercambios, Psicometria. Dinámicas de grupo, Proyectos de investigación. Mentoring inverso… El formador – maestro es el responsable de crear una experiencia de aprendizaje donde el participante se vea retado y acompañado. Un espacio donde salir de su zona de confort.
  6.  Introducir un nuevo modelo de valores recuperando valores como la auto-exigencia, el esfuerzo, el feedback, el trabajo en equipo, la tranparencia y la meritocracia. Un modelo con sus reglas del juego compartida con todos los actores del sistema educativo. Compartido significa creado con ellos, revisado con ellos e implementado con ellos.
  7.  Introducir modelos curriculares adaptados a la sociedad y sus retos, al tiempo que mantiene los claves de nuestra cultura y sociedad. Quizás no deba ser obligatoria estudiar sintaxis y análisis morfológico, y sin embargo dedicar más tiempo y esfuerzo a estudiar filosofía y competencia digitales, historia del arte y habilidades de comunicación escrita, matemáticas financieras para explicar como llevar tu economía personal de forma sostenible y menos derivadas o integrales… Y al tiempo personalizar los estudios en función de capacidades e intereses. Ya se pueden personalizar curriculums sin necesidad de industrializar la enseñanza.

 Nunca antes en la historia hemos tenido tantos retos por delante, tampoco nunca antes hemos tenido los recursos, metodologías y la tecnología para impulsar una educación que ayude a todas las personas, potencialmente de forma personalizada, a abordar la transformación personal que requiere afrontar los retos del futuro. Está en manos de la voluntad de cada uno de los actores del sistema educativo; está en nuestras manos, en nuestra voluntad.

Carlos González                                                                                                           Profesor del Executive MBA de ESIC

[1] Datos extraídos de libro de Lynda Gratton (2017) The 100 – year life. Bloomsbury.

[2] Esta idea, de Herbert Gerjuoy, psicólogo y pedagogo estadounidense, fue citada por Toffler en su libro “El shock del futuro”.