“Cuidado con lo que deseas» porque podría llegar a cumplirse. Princesa Sánchez, recién elegida presidenta de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Málaga, recuerda cómo una empresaria –y amiga– le hizo este comentario hace unos años. A priori, el lector podría pensar que esta referencia la comparte ahora con Vida Económica porque en algún momento empezó a soñar con presidir la organización de la que forma parte desde 2016, pero nada más lejos de la realidad: “Yo no deseaba ser presidenta de AJE. No era mi objetivo, pero sí tengo que confesar que desde que llegué empecé a pensar la de cosas que se podrían hacer aquí».
Es así que en su primera entrevista en virtud de presidenta de AJE Málaga ha dejado claro que esta nueva etapa en su carrera profesional se ha dado “de manera natural” y se ha mostrado feliz frente al reto que tiene por delante: “Asumo el cargo con responsabilidad, con honor y con orgullo, acordándome de todas las mujeres que han trabajado aquí antes que yo». Y entre esas “cosas que se podrían hacer” una serie de objetivos claros: dar a conocer mejor las funciones de la organización, “comunicar todo lo que hacemos”; hacer más grandes a las empresas que forman parte de “esta gran familia que es AJE»; y seguir reivindicando y trabajando para que “no se pongan más trabas a la hora de poner en marcha un negocio y tratar de consolidarlo, tratando de que las administraciones pertinentes sean “más facilitadoras que otra cosa”.
Princesa Sánchez se muestra así rotunda y con las ideas muy claras a la hora de explicar en qué líneas van a trabajar en esta etapa al frente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Málaga y cuenta además con un apoyo extraordinario: su pequeña hija, Princesa, una bebé de apenas siete meses que ha compartido esta conversación con su madre y empresaria. Tan observadora y paciente como ya demostró en la entrega de los premios AJE Málaga, donde la periodista presentó los galardones con su pequeña en brazos, ella es también símbolo de uno de los objetivos más personales de Sánchez: reivindicar la necesidad de medidas de conciliación para alcanzar una igualdad real de oportunidades entre la ciudadanía, profesionales y empresarios. Sin distinción de sexos: “Estamos preparadas como cualquier otra persona. Pero sí es verdad, y es innegable pese a los avances, que lo tenemos más difícil, porque hay una tradición, hay una educación y hay un trabajo que hacer entre todas y todos. Es un trabajo de la sociedad en su conjunto, porque al final es un beneficio para todos. Debería ser la lógica, lo normal dentro de una evolución natural. Y es que, al final, no somos diferentes. Todos somos iguales, hablemos de género o de cualquier otra característica, circunstancia o situación”.

Es la primera mujer que preside AJE Málaga en más de treinta años de historia. ¿Cómo afronta el reto?
Lo vivo con responsabilidad, con honor y con orgullo, acordándome de todas las mujeres que han trabajado antes que yo en AJE. Tengo muy presentes a la anterior gerente, Mar Recuna, a la que fue secretaria general y gerente anterior, Rocío García, personas que han convertido estas siglas en algo muy grande en la provincia, en la región y en el país. Gracias a ellas estoy hoy aquí.
Ha sido un proceso que siento natural. Probablemente cualquier otra de nuestras empresarias podría haber sido la primera presidenta antes que yo, pero se han juntado un poco las carambolas del destino, la vida y también las ganas por mi parte de hacerlo. Y además no estoy sola: tengo una comisión ejecutiva muy nutrida de mujeres. La vicepresidenta primera es una mujer, la tesorera también, tengo vocales que son mujeres… En total somos cuatro compañeras muy implicadas al frente de la asociación, y en el equipo gestor también somos mayoría femenina. Aunque, siendo sincera, creo que no es tanto una cuestión de sexo como de la manera de afrontar los retos y de la capacidad que hemos tenido de entendernos y remar juntos.
¿Qué obstáculos considera que siguen encontrando las mujeres jóvenes que deciden emprender?
Cada vez es menos una cuestión de sexo. Al final estamos preparadas como cualquier otra persona. Pero sí es verdad, y es innegable pese a los avances, que lo tenemos más difícil, porque hay una tradición, hay una educación y hay un trabajo que hacer entre todas y todos. Es un trabajo de la sociedad en su conjunto, porque al final es un beneficio para todos. Debería ser la lógica, lo normal dentro de una evolución natural: al final no somos diferentes, todos somos iguales, hablemos de género o de cualquier otra característica, circunstancia o situación.
Llega al cargo haciendo gala de un lema muy significativo y que podría ser una declaración de intenciones: “AJE Vitamina”. ¿Qué misión subyace tras ese eslogan?
Tengo el foco puesto, primero, en comunicar todo lo que hacemos, porque creo que no se conoce en su verdadera extensión. Hacemos una labor complicada de explicar: vamos mucho más allá del networking o de la representatividad. Si a mí me llama un empresario porque le han puesto una multa en su terraza, hacemos de interlocutores directos con el ayuntamiento. Si tres empresarios nos dicen que les cuesta conseguir una licencia, actuamos. Tenemos voz y voto en los organismos donde se toman decisiones que afectan a empresarios y emprendedores, y eso, reconozco, no siempre es fácil de condensar en un reel de Instagram.
De ahí viene “AJE Vitamina”. La idea nace de que nuestro anterior presidente hablaba mucho de las “personas vitamina”, en referencia al libro de la psiquiatra Marian Rojas Estapé. Y hablándolo con la nueva directiva pensé: es que AJE es eso, ese impulso, esa vitamina, ese empuje que necesitas no solo al principio, sino a lo largo de todo el desarrollo de un negocio, para mantener la vitalidad que te permite seguir adelante y llegar a los objetivos que te has marcado. Se trata de ser esa red de apoyo, de dar la píldora exacta que necesitas en el momento en que la necesitas. Hemos hecho encuestas y hemos comprobado que a la gente asociada, y especialmente a quienes están en AJE, le va mejor el negocio.
Princesa, procede del mundo de la comunicación. ¿Qué aporta una periodista al frente de una organización empresarial de esta características?
Voy a intentar trasladar lo que he aprendido en todos estos años. Empecé en 2016 llevando la comunicación de AJE desde fuera, haciendo notas y comunicados de prensa para los eventos y organizado y gestionando las ruedas de prensa. Desde entonces he visto cómo ha crecido la asociación y cómo ha cambiado la sociedad a nuestro alrededor, porque he pasado por distintos puestos. Conozco cómo se trabaja en atención al socio, comunicación, gerencia, secretaría general… Esa visión desde diferentes ángulos de la casa es lo que quiero incorporar a la estrategia, para que el trabajo que hace AJE por la sociedad malagueña, por la cultura emprendedora y por consolidar las empresas que ya existen sea todavía más útil.
¿Cuál ha sido el mejor consejo empresarial que ha recibido?
Me han dado muy buenos consejos, pero el primero que me viene a la cabeza me lo dio la anterior gerente: “Ten cuidado con lo que deseas.” Me encantó porque, lejos de ser algo negativo, me recuerda que hay que ser muy consciente de lo que uno desea interiormente, porque vas a trabajar de forma inconsciente por conseguirlo. Yo no deseaba ser presidenta de AJE, no era mi objetivo, pero recuerdo que desde que llegué pensaba: “cuántas cosas se pueden hacer aquí”. Me encontré con gente con una resiliencia enorme, muy trabajadora, muy luchadora, muy motivada, muy distinta a esa imagen tan desgastada que a veces se tiene del empresario. Y quizá, de tanto admirarles, terminé deseando ayudarles sin darme cuenta, y la mejor forma de hacerlo era esta.
Vengo con un enfoque muy humanista, porque creo que la sociedad ha cambiado: cada vez encontramos más empresas que son pro colaboración y no solo pro competitividad. No se trata de buenismo -venimos al mercado a ganar dinero, a trabajar y a vivir bien-, pero si tienes un plan, y no improvisas, creo que sí se puede hacer compatible todo lo que realmente deseamos. Al final, cuando ideas un proyecto de empresa estás ideando un proyecto de vida, porque es a lo que le vas a dedicar más horas.
Llego con un enfoque muy humanista. Cada vez encontramos más empresas que son pro colaboración y no solo pro competitividad.
Hace apenas unos meses fue madre y decidió presentar una gala de AJE con su hija en brazos. ¿Qué quiso transmitir con aquel gesto?
Mi intención era hacerlo con la naturalidad que muchas veces no se nos ha dado. Cada una concilia como puede o como sabe: no todas las profesiones son iguales, no todos los bebés se comportan de la misma manera ni todas las situaciones son similares. Para mí, conciliar no es dejar de estar con mi bebé para poder trabajar, sino poder desarrollar mi trabajo sin perder la oportunidad de estar lo más cerca posible de ella. Y no fue una decisión de última hora ni una pancarta de marketing: ya lo hacía antes, como gerente. De hecho, estuve en el escenario organizando el treinta aniversario de AJE estando embarazada, a punto de dar a luz.
El día antes de la gala no tenía con quién dejar a la niña -mi marido tenía que asistir como representante de otra entidad, mis hermanas estaban fuera, los abuelos no podían-, así que decidí, sin darle mucha trascendencia, de forma igual algo inconsciente, presentar con ella. Avisé a algunos compañeros de prensa, les comenté restándole importancia y como a modo de idea lanzada al aire, no se, y me respondían con naturalidad, sin verlo algo exagerado. No imaginé la repercusión que iba a tener. Fue, reconozco, un poco de inconsciencia, como te comento, y un algo de rebeldía. Tenía mi portabebé, me sabía el guión de memoria, no iba a haber música ni ruido excesivo y ella estuvo toda la gala prácticamente dormida. Estaba tranquila, arropada, con su padre allí por si hacía falta. A eso suma que AJE al final es un poco mi familia. Y bueno, pues se dio. Lo que ocurrió después me pilló por sorpresa.

Una decisión que ha tenido una gran repercusión mediática y en redes que no esperaba. ¿Cómo recibió las opiniones y ciertos comentarios?
Cuando salió la noticia dejé de leer lo que se decía, te lo confieso. Se referían cosas de todo tipo, desde gente que decía que ni siquiera era mi hija hasta quien aseguraba que la estaba maltratando por la postura en la que estaba colocada. Y lo peor es que nadie se paró a pensar ni sabía las circunstancias que podían haberme llevado a ello o cómo se desarrolló el acto: la niña estuvo dormida en mi regazo la hora y cuarto que duró la gala, y yo salía a hablar, me sentaba, la cogía, le daba el pecho o el biberón, y volvía al escenario. Al final se trató de hablar por hablar a partir de una imagen. De cualquier forma, sinceramente, te digo algo: a mi me dio igual, me da igual, y voy a seguir haciendo lo que naturalmente haría, con la responsabilidad de saber que va a tener un foco especial, y si eso contribuye a algo, bienvenido sea. Al final he visto ya a otras mujeres -ministras, compañeras de profesión- yendo a eventos o al trabajo con sus hijos, y ojalá llegue el día en que esto deje de ser noticia.
Cuando salió la noticia -tras presentar los premios AJE Málaga con su hija en brazos- dejé de leer por los comentarios. Nadie se paró a pensar en mi o mis circunstancias. Se trató de hablar por hablar a partir de una imagen.
Al final, puede que sin pretenderlo, a priori, esa decisión haya contribuido al debate del porqué emprender no debería obligar a renunciar a la vida personal. ¿Las empresas y las administraciones están preparadas para asumir esa visión?
Aquí hay dos situaciones distintas. Cuando tuve a la niña reivindiqué, en mi caso, el tema de las autónomas: es verdad que hay bonificaciones y ayudas para la maternidad y la crianza, y en eso se ha mejorado. Pero, ¿es suficiente? ¿Es igualitario entre asalariadas, autónomas y empresarias? Yo creo que no, y es muy distinto según el caso. Las organizaciones empresariales tenemos que seguir trabajando en la concienciación, tanto con las instituciones como con las compañías, para flexibilizar y ayudar. Si de verdad necesitamos que haya nuevos nacimientos en el sistema, tenemos que poder tenerlos sin renunciar a la trayectoria profesional. Vamos en el camino, pero queda muchísimo por hacer y, como presidenta de AJE, me propongo favorecer ese diálogo, entendiendo que no todas las empresas ni todos los sectores pueden aplicar las mismas medidas.
¿Qué medidas concretas echa en falta para que una empresaria no tenga que elegir entre ser madre o desarrollar su proyecto?
Sobre todo, que haya más igualdad entre lo que se ofrece a una asalariada y lo que se ofrece a una autónoma o empresaria, porque en estos momentos la diferencia es notable. Y, más allá de las medidas concretas, creo que hacen falta más referentes: mujeres profesionales que lleguen a la dirección de una empresa o a un puesto directivo sin que eso suponga renunciar a lo personal. Venimos de generaciones en las que la corresponsabilidad prácticamente no existía y eso se ha normalizado sin que nadie lo señalara como un problema. Necesitamos ver que se puede ser una profesional de éxito sin dejar de ver a tu hijo hasta las diez de la noche. Es un cambio generacional, cuestión de educación y de patrones muy interiorizados, así que no vamos a verlo de un día para otro, pero cada vez la mentalidad se abre más.
En lo que no se aprecian matices en cuanto a género es a la hora de dar a luz a un proyecto empresarial. ¿Es más fácil ahora crear una empresa en Málaga que hace diez años, cuando llegaba a AJE, o simplemente han cambiado los problemas?
Empezaría destacando como principal cambio en esta última década el cambio en el perfil del emprendedor, en su actitud y en su forma de tomarse el trabajo, más allá de que hayan cambiado los sectores o de que hayan crecido la consultoría, los servicios o la tecnología. Ha habido un cambio social muy fuerte que se nota también en la empresa: ahora encuentro más mentalidad de colaborar, de aportar a la sociedad, de generar riqueza de forma comprometida con la sostenibilidad, con el medioambiente, con los valores. El perfil de los socios de AJE también es distinto: antes me encontraba emprendedores que llegaban aquí buscando otra cosa, tal vez más orientados a lo lúdico, a los eventos festivos. Ahora los profesionales quieren un ambiente distendido pero con idea de desarrollar un trabajo real, con los tiempos más organizados. Han sido varios los factores que han llevado a la asociación a tener otro papel, con un objetivo no tanto de tener mucha visibilidad sino de ofrecer red de apoyo.
Muchas startups nacen pero pocas consiguen consolidarse. ¿Qué cree que marca la diferencia?
Uno de mis objetivos es precisamente ese: hacer más grandes las empresas que ya tenemos, porque no se trata de crecer por crecer. A veces nos hemos hecho la idea de que los mejores son los que más crecen o los que más contratan, y no es necesariamente así. Los mejores son los que tienen un plan y cumplen el objetivo que se han marcado para ese plan, aunque ese objetivo no sea el mismo que el de otro. Comparar negocios entre sí es a veces muy injusto, porque se miden con baremos distintos.
Ha cambiado mucho el perfil del emprendedor, sobre todo su actitud y su manera de tomarse el trabajo: ahora se trabaja con más mentalidad de colaborar, de aportar a la sociedad.
¿Qué le pediría hoy al Ayuntamiento, a la Junta y al Gobierno para favorecer el emprendimiento?
Que no me pongan más trabas, que ya hay bastantes. No creo que tengan que hacer mucho más que ser facilitadores: si tengo que entregar un papel, que no haya tres ventanillas para hacerlo; si tengo que conseguir una licencia, que no me tengan cinco meses esperando. Se ha facilitado mucho con las declaraciones responsables, pero depende mucho del tipo de negocio. Hay licencias, sobre todo las relacionadas con la salud pública, que tardan mucho. Es lógico que existan controles, pero hay que agilizarlos. Y también encontramos dificultades para encontrar espacio para naves industriales u oficinas en Málaga.
De las administraciones solo cabría esperar «que no se pongan más trabas, que ya hay bastantes. No tienen que hacer mucho más que ser facilitadores.
¿Qué sectores cree que van a protagonizar la economía malagueña durante los próximos años?
Aunque ahora el foco mediático está en lo tecnológico, en la innovación, hace falta poner en valor también los oficios: fontaneros, carpinteros, transportistas… gente que hace un trabajo imprescindible y que cada vez escasea más. Ahí hay un nicho de mercado espectacular: muchas empresas de mantenimiento, de transporte o de logística tienen serios problemas para encontrar personal. Hace falta mano de obra, hace falta conectar a esos profesionales con las empresas y hace falta también dar más referentes en esos sectores, porque cuando vamos a los colegios a dar charlas y preguntamos por un ejemplo de empresario, todo el mundo dice Elon Musk o Amancio Ortega, y se nos olvida que la peluquera de la esquina o el mecánico del barrio también son empresarios: pagan su cuota de autónomo, dan trabajo y ofrecen un servicio. Somos la provincia que más empresas y autónomos está registrando, y lo que tenemos que hacer es hacernos más fuertes, crecer con cabeza, con plan y con trayectoria.

