El crecimiento económico reflejado en los indicadores oficiales no está llegando con la misma intensidad a la economía real. Así lo perciben los economistas españoles, según el Barómetro Económico correspondiente al segundo semestre de 2025, que detecta una brecha persistente entre la evolución macroeconómica y la situación de hogares, empresas y contribuyentes.
El estudio constata que, pese a los datos agregados de crecimiento del PIB, la percepción mayoritaria es de estancamiento o empeoramiento en el ámbito microeconómico. Solo una minoría de los encuestados considera que la mejora económica se ha trasladado de forma significativa al día a día de las empresas y de los ciudadanos, mientras que una parte relevante aprecia un impacto limitado o directamente inexistente.
Expectativas negativas de cara a 2026
Este diagnóstico se produce en un contexto de deterioro de las expectativas económicas. El 61% de los economistas prevé que la situación económica de España empeorará en los próximos seis meses, frente al 56,4% del semestre anterior. En paralelo, el Índice de Expectativas Económicas desciende hasta los –67,7 puntos, consolidando un escenario de menor dinamismo de cara al inicio de 2026.
La mayoría de los economistas no percibe que el crecimiento económico se traslade plenamente a la economía real.
Las valoraciones más negativas se concentran en el ámbito nacional, mientras que en el plano autonómico y provincial las percepciones, aunque también negativas, muestran una mayor estabilidad. Esta diferencia sugiere que el impacto de la actividad económica resulta más visible a escala local que en el conjunto del país, donde pesan con mayor intensidad los factores macroeconómicos y la incertidumbre internacional.
Costes, fiscalidad y energía, factores persistentes
Entre los elementos que explican esta falta de traslación del crecimiento, los economistas vuelven a señalar la presión fiscal y los costes salariales como los principales obstáculos para la competitividad. El 75,3% considera que la presión fiscal afecta mucho a la economía española, mientras que el 72% sitúa los costes salariales en ese mismo nivel de impacto.
A estos factores se suma el precio de la energía, que gana peso respecto a semestres anteriores y se consolida como una preocupación estructural para empresas y actividades intensivas en consumo energético. El acceso a la financiación y la evolución del consumo también aparecen entre los condicionantes que limitan la capacidad de las empresas para trasladar el crecimiento a inversión, empleo o mejora de márgenes.
Empleo estable, pero sin impulso
En el mercado laboral, el barómetro refleja una situación de estabilidad, aunque sin avances claros. Solo el 17,3% de los economistas espera una reducción del paro en los próximos seis meses, frente al 25,5% que lo preveía a comienzos de 2025. En cambio, aumenta el porcentaje de quienes anticipan un incremento moderado del desempleo.
Esta evolución refuerza la percepción de que el crecimiento económico no se traduce en una mejora proporcional del empleo ni en una mayor seguridad para trabajadores y empresas. El índice de percepción del paro se mantiene en valores negativos, apuntando a una estabilización sin mejora adicional en el corto plazo.
Hogares más prudentes y menor capacidad de ahorro
El barómetro también detecta un aumento de la cautela en los hogares. El 46,4% de los economistas considera que tendrá dificultades para ahorrar en los próximos meses, lo que devuelve el índice de expectativas de ahorro a terreno ligeramente negativo. Esta prudencia está vinculada a la evolución de la inflación, los tipos de interés y la incertidumbre sobre la estabilidad del empleo.
Además, los economistas expresan preocupación por el impacto del final de los desembolsos de los fondos Next Generation EU, que el 60,8% considera que tendrá efectos negativos sobre el crecimiento económico, lo que podría agravar la desconexión entre los datos macro y la realidad empresarial.
En conjunto, el barómetro dibuja un escenario en el que el crecimiento económico pierde capacidad de arrastre sobre la economía real, obligando a empresas y hogares a operar en un entorno de mayor prudencia y menor visibilidad para 2026.

