Cerrar

La UMA impulsa un anillo energético para autoabastecerse con renovables

La Universidad de Málaga desarrolla un anillo energético basado en fotovoltaica y almacenamiento en baterías que permitirá compartir energía entre edificios, reducir el coste eléctrico hasta un 70% y avanzar hacia un campus prácticamente autosuficiente.

Salvador Merino. Vicerrector de Infraestructuras de la UMA

La Universidad de Málaga avanza en la creación de un anillo energético de autoconsumo que conectará los edificios de sus campus mediante una red interna capaz de redistribuir la energía generada en cada instalación fotovoltaica. El objetivo es aprovechar al máximo el potencial solar del campus y avanzar hacia un modelo energético más estable, sostenible y menos expuesto a sobresaltos del mercado energético, especialmente en momentos en los que la actualidad internacional —con focos de tensión como el conflicto en torno a Irán— vuelve a poner el precio de la energía en el centro del debate.

Según explica el vicerrector de Infraestructuras, Salvador Merino, la iniciativa parte de una idea sencilla: que cada edificio produzca su propia energía, pero que todos estén interconectados para equilibrar producción y consumo. “Cada unidad tratamos de que funcione autónomamente desde el punto de vista energético”, señala.
La realidad del campus, sin embargo, es muy diversa. Hay edificios con grandes cubiertas y consumos moderados, mientras que otros concentran una elevada demanda energética en poco espacio.

“Hay edificios muy verticales con un consumo tremendo, como el servicio central de informática, con servidores funcionando las 24 horas del día, y otros muy horizontales con mucha superficie disponible”, explica Merino.

Un sistema para equilibrar déficits y excedentes
El anillo energético permitirá resolver ese desequilibrio. En lugar de funcionar como instalaciones independientes, los edificios estarán conectados para compartir la electricidad generada.
“Unos edificios tienen déficit y otros superávit. Lo que hacemos es mandar ese excedente a una línea interna donde comparten esa energía”, resume el vicerrector.
Este sistema permitirá aprovechar mucho mejor la producción solar del campus. Mientras que en instalaciones convencionales de autoconsumo suele utilizarse alrededor del 40% de la energía generada, el sistema diseñado por la universidad permitirá acercarse al 90%.

“En lugar de funcionar como instalaciones independientes, los edificios estarán conectados para compartir la electricidad generada”

Cerca de 27.000 paneles

El proyecto contempla la instalación de unos 27.000 paneles fotovoltaicos distribuidos por las cubiertas de los edificios universitarios, con una potencia aproximada de 15 megavatios. La instalación se desarrollará de forma simultánea en distintos puntos del campus mediante varios equipos de trabajo, con el objetivo de completar el despliegue en aproximadamente un año.
Además, la evolución tecnológica de los paneles permitirá aumentar la capacidad de generación en comparación con instalaciones anteriores. “Los paneles antiguos eran de unos 250 vatios y ahora hablamos de módulos de hasta 650”, apunta Merino.

Baterías para garantizar estabilidad energética
Uno de los elementos fundamentales del proyecto será el sistema de almacenamiento mediante baterías, que permitirá estabilizar el suministro y aprovechar mejor la energía generada durante el día. Las baterías actuarán como un amortiguador del sistema energético del campus. “Si hay oscilaciones durante el día, el sistema de baterías las absorbe y estabiliza el sistema”, explica el vicerrector. Además, el almacenamiento permitirá mantener el funcionamiento del campus ante posibles interrupciones del suministro eléctrico. “Si hay un apagón, la batería lo asume y estabiliza la red; nos convertimos en un organismo autónomo, lo que llamamos efecto isla”. Una idea que cobra sentido para cualquiera que aún tenga en mente el apagón de hace unos meses y la importancia de contar con sistemas capaces de sostener servicios esenciales.
Un sistema de este tipo, subraya Merino, aporta también seguridad frente a situaciones inesperadas del sistema eléctrico como apagones generalizados o interrupciones del suministro como los que se han producido en algunos momentos en los últimos años.

Para cubrir la necesidad global, el proyecto prevé alcanzar una producción anual superior a 28 GWh, superando la demanda energética actual.

Menos dependencia de las fluctuaciones del mercado

El proyecto tendrá también un impacto directo en la economía de la universidad. En los últimos años, el gasto energético del campus ha llegado a situarse en torno a nueve millones de euros anuales, una cifra muy sensible a la volatilidad de los mercados energéticos internacionales.
Las crisis geopolíticas o conflictos internacionales pueden provocar fuertes fluctuaciones en los precios de la energía. Con el nuevo sistema, la universidad reducirá significativamente esa exposición. “Hemos llegado a pagar nueve millones y pasaremos a pagar alrededor de tres”, explica Merino.
La inversión inicial será asumida por la empresa adjudicataria del proyecto, Solar Lighting, mientras que la universidad comprará la energía generada durante 12 años y medio, periodo en el que se amortizará la infraestructura. Una vez finalizado ese plazo, el campus solo deberá afrontar los costes de mantenimiento.

scroll to top