El contexto económico y social de nuestra provincia, conectado con su entorno regional, nacional y, por supuesto, global, nos sitúa frente a retos irrenunciables y extraordinarias oportunidades, exigiéndonos compromiso y determinación en la senda de crecimiento y desarrollo que viene marcando el pulso de los últimos años.
Nuestra economía marcha anotando tantos indiscutibles, en materia de crecimiento y empleo -especialmente alentadores, en comparación con otros países comunitarios de referencia-.
Andalucía escala posiciones y mira hacia delante con optimismo y seguridad en sí misma. Aquí, Málaga sigue su propio camino, ilusionante, apostando por la innovación, la atracción de inversiones y la diversificación de su actividad económica. Pero no debemos caer en el error de la autocomplacencia, desviando nuestra atención de aquellos desafíos que nos vienen dados, de forma directa o indirecta.
Continuamente, nos referimos a la empresa en tiempos convulsos, a una economía acechada por los conflictos, la tensión e incertidumbre en el plano internacional. En España, nuestro tejido productivo viene acusando un déficit estructural de competitividad que se basa, entre otros factores, en la escasa productividad y el tamaño -pequeño, muy pequeño- de sus empresas. Claro está que la inseguridad jurídica, la presión fiscal, la lentitud e hipertrofia administrativa del país no ayudan a revertir esta situación. Las injerencias en el diálogo social y la unilateralidad en la toma de decisiones que implican el constante aumento de nuestros costes sociales y laborales, tampoco.
He aquí el milagro. Sí, milagro. Aun con viento en contra, las empresas están siendo capaces de impulsar y dinamizar su actividad con un claro impacto económico, generando empleo estable, inmersas en un proceso constante de transformación y abrazo a la revolución digital, con el vertiginoso desarrollo tecnológico dado, especialmente, por el protagonismo de la Inteligencia Artificial. Todo ello, en un momento de indudable progreso en ámbitos como la responsabilidad social empresarial y, particularmente, la sostenibilidad, avanzando más allá e, incluso, por delante del propio cumplimiento normativo. Por pura convicción.
Entre tanto, me refería a Málaga como una provincia que construye su particular proyección, que navega sobre un modelo propio, basado en la planificación estratégica apoyada en sus singularidades. Un caso de éxito. Por tanto, afrontamos la dicotomía reflejada entre la bonanza y aquellos factores limitativos que podrían condicionar nuestro crecimiento, de no lograr manejarlos a nuestro favor.
Me refiero a vivienda y suelo productivo; a la conectividad y la movilidad planteadas sobre el desarrollo de nuevas y necesarias infraestructuras; a la gestión del agua. Temas, como otros tantos, a menudo presentes en la agenda pública y el debate social entre la confusión, el cortoplacismo y la poca altura de miras. Retos, decía, como las oportunidades de un futuro que ya está pasando. Ahora.
Javier González de Lara y Sarria
Presidente de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM)
Presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA)

