Darle sentido al sentido

La pandemia y el consiguiente confinamiento han trastocado muchas cosas. En poco tiempo se ha pasado de pensar en un nuevo Plan Marshall a aspirar a un New Deal; soluciones ambas a tremendas crisis. Dada la actual situación mundial y el proteccionismo nacionalista de EE.UU. hay que descartar ya la primera solución.

A la Gran Depresión vino a socorrerla el New Deal con sus tres grandes pilares, las recordadas 3R: relief (ayuda), recovery (recuperación) y reform (reforma); gracias a ellos se dio empleo a millones de trabajadores, se fijaron salarios y jornadas laborables más justas, y se abolió la lacra del trabajo infantil. El presidente Roosevelt actuó de manera trasparente con decisión y habilidad.

Se tomaron entonces decisiones ineludibles y hay que tomarlas también hoy día. Pero de todos es sabido que inevitablemente toda decisión comporta riesgos. ¿Cómo reducirlos? Contando con una buena información, es siempre la mejor respuesta. ¿Quienes deben decidir tienen tal información y atienden a los datos para obrar en consecuencia? ¿Cuál es la evolución probable de la pandemia y cuáles sus consecuencias económicas y sociales?

En el terreno sanitario se han tomado decisiones con información fragmentaria, con algunos datos básicos sobre su extensión y, al parecer, con conocimientos limitados sobre el comportamiento probable del virus.

Ni la gripe de 1918 ni la Gran Depresión sirven de referencias fiables en el ámbito económico y social. Estamos ante una situación mundial nueva. Sin colocarnos en una posición catastrofista – el economista Branko Milanovic ha profetizado que “la verdadera pandemia es un desmoronamiento social”- nadie duda de que la destrucción de empleo y de tejido económico va a ser enorme. Dejar en manos de datos cada vez más abundantes, procesados por al­goritmos cada día más potentes, tampoco es la solución.

Pero las fotos de largas colas de paro son impresionantes, se parecen a las de la Gran Depresión. Los centenares de miles de parados -hay quien augura millones-, escondidos bajo capuchas y mascarillas, van a demandar “un antídoto frente a la incertidumbre” y soluciones a su situación.

¿Hacia dónde van a ir las inversiones? ¿Habría que pensar en vivienda social y renovación energética? ¿En obra pública e infraestructuras? Favorecer la inversión en sectores con futuro, mejorar la educación en todos sus niveles, renovar el tejido productivo,… son cambios necesarios, pero seguramente no suficientes.

Hay que pensar en un “rearme social-moral” en profundidad sustentado en la dignidad del trabajo y del trabajador para relanzar el empleo, en buscar trabajos bien hechos que supongan un aumento de la calidad y productividad, en lograr una financiación adecuada a las circunstancias. Ante estos grandes retos no caben posiciones indecisas para “ganar tiempo”, pues hacerlo así es perderlo. Se necesitan con urgencia nuevos modos de trabajar, nuevos modelos de hacer empresa, de subvenir necesidades acuciantes, de construir un Estado mejor y una sociedad con mayor protagonismo.

Ricardo Velilla                                                                                                  
Profesor Emérito del Área de Comunicación Personal para los Negocios. Sal Telmo Business School.