Hacia unas finanzas más digitalizadas y mucho más humanizadas…

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En un entorno tanto macro como microeconómico como en el que estamos, todos debemos acostumbrarnos cuanto antes a gestionar las incertidumbres, un territorio donde demasiadas veces el manido “sentido común” brilla por su ausencia.

El mantra de nuestra época es la “gestión”, especialmente la gestión financiera, como eje de la estrategia empresarial. No podemos entender otra manera de sobrevivir. La realidad, mejor dicho, las realidades que debemos abordar son cada vez más exigentes. Cada vez más “cisnes negros” que no avisan y que amenazan con pillarnos con el paso cambiado, poniendo a prueba nuestra capacidad de adaptación y respuesta en tiempo real al momento cíclico en el que estamos inmersos.

En este escenario, y más allá de las finanzas, no podemos plantearnos el mundo global, su idioma digital y su exigencia continua de innovación como algo opcional, sino como una oportunidad que debemos ser capaces de aprovechar. Hemos entrado de lleno en la llamada cuarta revolución industrial, financiera incluida, y sin embargo parte del problema es que algunos todavía seguimos anclados en la segunda.

La digitalización está transformando de arriba abajo, más allá de lo que podíamos imaginar hace poco tiempo, la forma de interactuar entre empresas y clientes, que cada vez son más “usuarios” activos, con más información a su alcance y mayor capacidad de decisión. Pero no se equivoquen. Ha evolucionado, y mucho, la forma de comprar, pero los profesionales, financieros incluidos, no hemos cambiado nuestra forma de vender.

No todos podemos ser Amazon. De hecho, tampoco tenemos por qué, siempre que seamos una opción competitiva. Es aquí donde debemos reflexionar sobre lo tradicional (la cercanía, el trato humano) o lo digital (cuasi impersonal), sobre lo online y lo offline, y donde el tiempo, la experiencia y sobre todo los resultados nos dirán si la estrategia marcada, financiera y global ha sido la adecuada.

¿Ambos son entornos afines o antagónicos? Sospecho que ni lo uno ni lo otro, y solo lo sabremos con la perspectiva de los años, pero quizá entonces sea demasiado tarde. Ahora hay que actuar. No es fácil, ni mucho menos, y requiere sobre todo un cambio de mentalidad. Esa es la clave: mentalidad, mentalidad estratégica, en la que el componente financiero debe de ser una de las piedras angulares.

Estoy convencido de que la nueva revolución que todos tenemos delante, con sus pros y sus contras, traerá muchos más beneficios que pérdidas. Lo inteligente, si me permiten, es aprovechar las oportunidades, pero sin olvidar que nuestros clientes, sean unos u otros, al final buscan, buscamos, agilidad, rapidez y adaptabilidad, amén de la personalización del servicio y de sentirse, de verdad, la parte central de nuestro modelo de negocio. Confianza, servicio de valor y cercanía, esos son los elementos diferenciadores, las claves que nos permitirán a todos sobrevivir en un entorno radicalmente cambiante.

El futuro es impredecible, soy consciente de ello, pero también sé que la mejor manera de tratar de vislumbrarlo es entendiendo el presente. Posicionémonos de cara a la próxima revolución que, sin lugar a dudas, tendrá mucho más de humana… por la cuenta que nos trae a todos.

Ricardo García Lorenzo                                                                                              Staff de la Dirección de Negocio BCC-Grupo Cooperativo Cajamar. 
Profesor del Master en Dirección Financiera en ESIC Business & Marketing School.

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