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Ramón Soler, Prolongo: «Ganar más vendiendo igual demuestra que la empresa está fuerte»

De una receta lombarda que llegó a Málaga en 1820 a los puertos de Shanghái y Tokio. Ramón Soler, que sigue al pie del cañón al frente de Faccsa-Prolongo, repasa 85 años de historia familiar y explica cómo el grupo aspira a liderar el mercado cárnico global sin dejar de sentirse malagueño.

Instalaciones de Faccsa-Prolongo.

Faccsa-Prolongo invertirá 250 millones de euros en la próxima década para levantar en Cártama un complejo de 52 hectáreas capaz de procesar 780.000 toneladas de carne al año, unos 40.000 cerdos a la semana. Con la mirada puesta en Asia y en el ibérico de Jabugo, el proyecto prevé generar 5.600 empleos directos entre la planta y su cadena ganadera.

Detrás de esa ambición hay más de dos siglos de historia. La marca Prolongo nació en 1820 en la calle San Juan de Málaga, de la mano de una familia de origen lombardo, y en 1937 pasó a manos de los Soler, que pocos años después fundarían FACCSA. Hoy, con Ramón Soler todavía al frente, el grupo afronta su mayor transformación sin renunciar a esas raíces.


¿Cómo se vivió la unión entre la tradición Prolongo y el proyecto industrial de Faccsa?

R. S.: Fue un acierto total. Prolongo ponía la historia, el sabor de toda la vida y el cariño de Málaga. Nosotros, desde Faccsa, pusimos la fuerza industrial, la inversión económica y la capacidad para vender a lo grande. No queríamos cambiar lo que hacía única a la marca, sino darle el empujón necesario para competir en un mercado cada vez más duro. Respetamos las recetas de siempre, pero adaptándonos a los nuevos tiempos para que el negocio durara muchos años más.

¿En qué momento sintieron que Faccsa-Prolongo había dejado de ser solo «una empresa malagueña» para convertirse también en un actor global?

R. S.: No hubo un día exacto en el que dijéramos «¡ya somos internacionales!», sino que fue un proceso. Cuando ves que pasas auditorías tan estrictas de países como Japón, Corea o Canadá, te das cuenta de que estás compitiendo en el máximo nivel. Si tuviera que elegir un momento clave a este respecto para Faccsa-Prolongo, diría que fue establecernos en Asia: ver que la carne de Cártama entra en puertos como Shanghái o Tokio y llevar allí nuestra calidad te llena de orgullo. Aun así, por muy lejos que lleguemos, nunca hemos dejado de sentirnos una empresa de Málaga.

En 2025 han reducido subcontratación y sumado más de 270 empleos, ganando control directo sobre la cadena de producción. ¿Qué fue lo que les hizo decidir que tocaba internalizar en lugar de seguir subcontratando?

R. S.: Para nosotros tener todo bajo control es importante. Decidir contratar directamente a la gente y dejar de subcontratar lo hicimos por dos motivos sencillos: para ofrecer un trabajo más estable y para trabajar mejor. Al tener al personal en plantilla, todos se implican al 100% con nuestra forma de hacer las cosas, la seguridad alimentaria y el cuidado de los animales. Tener un equipo fijo y motivado es la mejor garantía para que la empresa funcione como un reloj a largo plazo.

«Por muy lejos que lleguemos, nunca hemos dejado de sentirnos una empresa de Málaga»

El beneficio de la compañía se ha disparado en el último ejercicio, aunque la facturación se ha mantenido prácticamente plana. ¿Qué lectura hacen de esa combinación: una empresa que crece en rentabilidad más que en volumen?

R. S.: La lectura es muy sencilla: nos hemos apretado el cinturón y hemos aprendido a trabajar mejor. Cuando las ventas se estancan porque la materia prima sube o los mercados de fuera se frenan, lo inteligente es mirar hacia dentro. Nos hemos centrado en ahorrar energía, modernizar la fábrica, digitalizar, implementar procesos con Inteligencia Artificial y controlar cada euro de gasto.

De nada sirve vender más por vender si no le sacas partido; lo importante es sacarle más valor a cada kilo de carne y hacer cada proceso más eficiente. Ganar más dinero vendiendo lo mismo demuestra que la empresa está fuerte y sabe adaptarse cuando vienen curvas.

Con Cártama declarado proyecto de interés estratégico y una inversión que rondará los 250 millones de euros en la próxima década, ¿en qué fase se encuentra ahora mismo el proyecto y qué es lo próximo que verá la provincia?

R. S.: Los proyectos de gran magnitud como este llevan su tiempo. Esto no es solo levantar cuatro paredes: vamos a crear un gran complejo industrial que le va a dar un vuelco a la economía de la provincia y va a traer cientos de puestos de trabajo directos.

«Ganar más dinero vendiendo lo mismo demuestra que la empresa está fuerte y sabe adaptarse cuando vienen curvas»

Instalaciones de Faccsa-Prolongo.

Hablan de una «fábrica 4.0»: subestación eléctrica propia, depuradora para economía circular del agua, criterios de sostenibilidad exigentes… ¿Cuánto de esa apuesta responde a convicción propia y cuánto a las exigencias de los mercados?

R. S.: Es una combinación de las dos cosas. Por un lado, por pura convicción: concebimos proyectar la compañía para los próximos 50 años en un enclave como Cártama siendo respetuosos con el entorno, el agua y la energía. La economía circular y la autosuficiencia energética son una responsabilidad ética con nuestra tierra.

Por otra parte está, por supuesto, esa necesidad de mercado: hoy en día ser sostenible ya no es una opción, es una exigencia para poder vender fuera.

«Hoy en día ser sostenible ya no es una opción, es una exigencia para poder vender fuera»

Con la compra de Dompal en Jabugo entran de lleno en el ibérico, un mundo con sus propias reglas y su propio prestigio. ¿Cómo decidieron dar ese paso al frente y cómo se preparan para acceder a ese subsegmento de mercado?

R. S.: La incorporación de Dompal y nuestra implantación en Jabugo fue un movimiento estratégico natural. Nosotros tenemos el músculo industrial y la fuerza logística, pero necesitábamos posicionarnos de forma contundente en la cima de la pirámide de valor de la charcutería: el ibérico de alta gama. Jabugo es una marca mundial y una Denominación de Origen con un prestigio muy marcado. Queremos potenciar la presencia de Dompal apoyándonos en nuestra capacidad de distribución y profesionalización comercial.

Con Pig and Meat, junto a Porcisan, han apostado por integrar verticalmente ganadería e industria. ¿Qué gana Faccsa-Prolongo controlando también el origen del animal, y no solo su transformación?

R. S.: Gana lo más valioso que existe hoy en la industria agroalimentaria: la garantía total de origen, la homogeneidad de la materia prima y la bioseguridad. La alianza a través de Pig and Meat nos permite decidir desde la genética, la nutrición y el bienestar de la cabaña ganadera hasta la conformación final de la canal. Esto se traduce en una calidad constante para nuestros clientes internacionales, que nos demandan el cumplimiento estricto de los estándares europeos desde el día uno de vida del animal.

Un cliente asiático de hoy pide trazabilidad digital, bienestar animal certificado y huella de carbono medida; hace diez años casi nadie preguntaba por eso. ¿Cómo ha cambiado la forma de «vender» carne española fuera en la última década?

R. S.: Ha cambiado de forma radical. Hace diez años la conversación se centraba casi exclusivamente en el precio, el volumen y el corte. Hoy, el argumento comercial empieza por la seguridad alimentaria, los certificados de bienestar animal (como Welfair) y los datos de trazabilidad digital. Vender carne en Asia o Canadá hoy en día implica ofrecer información transparente en tiempo real: qué ha comido el animal, qué huella hídrica tiene la planta, cómo se garantiza la cadena de frío mediante sensorización, etc.

La carne española no solo vende calidad organoléptica, vende la confianza del sistema sanitario y de producción más riguroso del mundo, que es el marco regulatorio europeo.

«La carne española vende la confianza del sistema sanitario y de producción más riguroso del mundo»

Instalaciones de Faccsa-Prolongo.

Son de los grandes motores económicos del Valle del Guadalhorce. ¿Cómo se traduce ese peso en el territorio a la hora de decidir dónde invertir o cuánto empleo directo generar en la comarca?

R. S.: Se traduce en una responsabilidad permanente con nuestro entorno. Cuando vives y trabajas donde tus empleados son tus vecinos, la perspectiva empresarial cambia. Nuestras decisiones de inversión no solo buscan el retorno económico, sino también la sostenibilidad del empleo local. Preferimos invertir y crecer aquí, generando oportunidades para que los jóvenes del Valle del Guadalhorce no tengan que marcharse a buscar trabajo fuera.

El compromiso territorial implica formar a la gente de la comarca, dinamizar el comercio local, colaborar con los proveedores de la zona y garantizar que el desarrollo de Prolongo-Faccsa suponga un avance social directo para Cártama y toda la comarca.

Sois una empresa de corazón familiar donde el matrimonio y la propiedad coinciden, y ya hay una siguiente generación tomando responsabilidades. ¿Qué es lo primero que le pedirían a quien continúe este proyecto dentro de veinte o treinta años?

R. S.: Le pediría dos cosas aparentemente opuestas, pero que son el equilibrio de esta casa: prudencia en los valores y audacia en la visión. Le pediría que nunca pierda la humildad, el respeto por el trabajador, la seriedad con los proveedores y el compromiso con el territorio que han caracterizado a esta familia. Y al mismo tiempo, que no tenga miedo a la innovación ni a los cambios que demande el mercado global. Que recuerde que esta empresa existe porque cada generación supo adaptar el negocio a los tiempos sin perder el control familiar de la compañía.

«Preferimos invertir y crecer aquí para que los jóvenes del Guadalhorce no tengan que marcharse a buscar trabajo fuera»

Instalaciones de Faccsa-Prolongo.

Si algo define hoy a Faccsa-Prolongo de cara al futuro, ¿qué sería? Crecer en volumen, ganar en prestigio con el ibérico, consolidarse en mercados tan estratégicos para la compañía como Asia…

R. S.: Si tuviera que resumirlo en un solo concepto, sería equilibrio cualitativo. Crecer por crecer no es nuestra meta. Lo que nos define para los próximos años es consolidar una estructura de máximo valor añadido: liderar el mercado internacional desde la excelencia operativa y la sostenibilidad de la nueva planta, coronar nuestra gama de producto con el prestigio del ibérico a través de Dompal y garantizar el futuro de la compañía sobre los pilares de la integración vertical y el arraigo familiar.

Queremos ser una gran empresa industrial global, pero con el dinamismo, la agilidad y los valores de una gran familia.

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