“No es venta, no es franquicia, no es alquiler”. Así comienza Mari Francis Peñarroya explicando el nuevo rumbo que desde el día 16 de marzo ha iniciado el mayor resort turístico de la Costa del Sol. La consejera delegada del Grupo Peñarroya insiste en aclarar desde el principio qué supone realmente la entrada de Meliá en la gestión del complejo Holiday World.
Cuando se anunció el acuerdo, muchos interpretaron que la familia propietaria había vendido el resort. “Los primeros mensajes que recibí fueron: ‘Enhorabuena por la venta’. Y no: esto no es una venta. La propiedad sigue siendo de la familia”, explica.

Tampoco se trata de un alquiler ni de una franquicia hotelera. Lo que ambas compañías han firmado es un acuerdo de gestión, «por no menos diez años«, apunta peñarroya. Esta fórmula es cada vez más habitual en el sector hotelero y consiste en que un operador especializado asume la explotación del establecimiento mientras la propiedad mantiene el activo.
“Esto es una alianza estratégica con el que entendemos que es el mejor operador hotelero”, señala Peñarroya, quien subraya que la decisión no fue improvisada. Según explica, el grupo llevaba cerca de dos años analizando distintas opciones antes de optar por Meliá.
En este tipo de acuerdos, la cadena hotelera percibe una remuneración ligada a resultados. “El gestor tiene un porcentaje sobre las ventas y otro sobre los beneficios”, explica la directiva. Esto alinea los intereses de ambas partes: cuanto mayor sea la facturación y la rentabilidad del resort, mejor para todos.

Mantener la competitividad
La decisión responde también a una reflexión estratégica sobre el futuro del complejo, que supera ya las dos décadas de trayectoria. “Holiday World tiene más de 20 años y es un producto muy competitivo; Meliá se ha encontrado un hotel top”, afirma.
Sin embargo, Peñarroya reconoce que competir en el mercado turístico internacional exige una escala comercial y tecnológica cada vez mayor. “Si proyectamos el resort a cinco años, una cadena local como la nuestra, por mucho que refuerce su estructura o invierta, llega un momento en que el CAPEX, la tecnología o la renovación constante te dejan con un beneficio muy limitado”, señala.
La alianza con un operador global permite acceder a mercados emisores, redes comerciales y centrales de compra que de otro modo exigirían inversiones mucho mayores. “Ellos ya están en esos mercados, tienen acuerdos internacionales y economías de escala”, resume.
El acuerdo afecta a lo construido: los cuatro hoteles del complejo -Polynesia, Riwo, Village y Casamaïa- además del club de playa, sumando 864 habitaciones, todas ellas en formato junior suite con dormitorio, salón y cocina.

Qué cambia en el complejo
A corto plazo, los cambios visibles serán graduales. “Desde el 16 de marzo ya se ven señales de que Meliá está aquí. Primero por dentro: habitaciones, material, papelería… y después en el exterior”, explica. La nomenclatura de los hoteles se mantendrá, aunque adaptada a la identidad de la cadena dentro de su programa “Affiliated”.
“No vienen a destruir nada de lo que funciona”, afirma. La plantilla, de 300 trabajadores con picos de 500, no cambia de sociedad: Meliá asume la gestión y cambian cosas como uniformes, responsables, formación, beneficios sociales… pero la base laboral se mantiene.

De familia a familia
El modelo de todo incluido, uno de los sellos distintivos del complejo desde sus inicios, seguirá siendo el eje de la oferta. “Fuimos el primer ‘todo incluido’ en Málaga y se diseñó con un concepto muy cercano al Caribe”, recuerda Peñarroya.
“Desde el momento en que Gabriel Escarrer se sentó con nosotros y mantuvimos una conversación de familia a familia, vimos que era el socio adecuado. Elegimos pensando que hemos elegido bien. Y lo que estoy viendo por parte de Meliá es, sinceramente, el matrimonio perfecto”, indica la directiva. A largo plazo, la familia cuenta con un suelo hotelero aún por desarrollar, «un escenario en el que tener cerca a expertos en gestión hotelera aporta una valiosa perspectiva», concluye.
Un resort con 864 habitaciones y potencial para crecer
El acuerdo de gestión firmado entre Grupo Peñarroya y Meliá afecta a la totalidad del complejo Holiday World, situado entre Benalmádena y Fuengirola.
El resort está formado por cuatro hoteles -Polynesia, Riwo, Village y Casamaïa- además de su club de playa, sumando 864 habitaciones, todas ellas junior suites con dormitorio, salón y cocina, un formato especialmente orientado al turismo familiar.
El complejo aspira además a diversificar mercados. “El británico seguirá siendo importante, pero creo que vamos a mejorar en el mercado nacional”, explica Mari Francis Peñarroya.
La directiva también ve margen de crecimiento en el segmento MICE, con eventos que buscan espacios abiertos, luz natural y experiencias más allá de la sala de reuniones tradicional.

El papel de la propiedad
La alianza con Meliá permitirá al Grupo Peñarroya centrar esfuerzos en nuevos desarrollos turísticos e inmobiliarios en la Costa del Sol. Según explica Mari Francis Peñarroya, la compañía trabaja en proyectos en Benalmádena y Marbella que podrían combinar usos residenciales y hoteleros, e incluso dar lugar a una nueva marca vinculada al segmento del lujo.
En el propio Holiday World también existe margen de crecimiento: la parcela permite construir dos hoteles adicionales y un centro de alto rendimiento deportivo, aunque el acuerdo con Meliá se limita a la gestión de los activos actualmente construidos.
La directiva pasará ahora a ejercer como interlocutora entre la propiedad y el operador. “Ceder la gestión no significa me voy y me olvido”, explica.

