Prefiere mirar hacia adelante. Su ilusión hoy está puesta en el crecimiento de Joyería Marcos —el negocio al que dedica la mayor parte de su tiempo— y en los nuevos proyectos que aún quiere desarrollar, mientras delega progresivamente en el resto de las empresas familiares.
Un inicio forzado
Su entrada en la empresa familiar en 1993 fue un punto de inflexión abrupto. La quiebra de dos compañías en las que su padre era socio capitalista —los concesionarios Renault Marcos y Maldonado S.A., y Automar Málaga S.A.— marcó un antes y un después. Comenzó solo en el ámbito inmobiliario y tuvo que enfrentarse a una negociación dura con los bancos tras el embargo del patrimonio familiar. “Error: no compartas riesgos entre distintas empresas, es decir, la patrimonial no debe garantizar a la rama empresarial y viceversa”, enfatiza.
Nueva forma de gestión
Otro momento crucial llegó con su formación en el máster Executive en Dirección y Administración de Empresas (2000-2001). Aquel aprendizaje cambió su forma de ver la empresa y, con una visión global de todas las áreas, empezó a gestionar desde una perspectiva más estratégica. Las crisis de 1992 y 2008 fueron auténticos exámenes de resistencia. Ambas lo curtieron como empresario y como persona, fortaleciendo su capacidad de adaptación y haciéndolo más sólido frente a la incertidumbre.
Un mensaje al joven lito
Lito Marcos hubiese animado a su joven “yo” a formarse más, ser proactivo y ser valiente. Y una consigna sencilla que resume todo lo aprendido: “No pares”.

