El agua no admite el “copiar y pegar”. Al menos, no cuando hay que hacerla funcionar en un resort del Caribe, una playa artificial en Benahavís o un complejo hotelero en Zanzíbar.
“La física del agua es la misma”, reconoce Manuel Alfonso Rosas. Pero a partir de ahí, casi todo cambia. El clima, la salinidad, los materiales, la normativa o la logística obligan a adaptar cada instalación al lugar.
Hidroingenia lleva más de 50 años resolviendo ese puzle. Y cada vez con piezas más grandes. La compañía malagueña ha superado las 15.000 instalaciones acuáticas y hoy diseña y construye todo tipo de soluciones vinculadas al agua en muchos de los grandes destinos turísticos internacionales.
Alfonso lleva tres décadas en la empresa que fundó su padre a principios de los años 70 y aproximadamente veinte al frente. Por entonces, la Costa del Sol crecía al ritmo de hoteles y urbanizaciones y la piscina empezaba a convertirse en un must have, aunque con poco margen para la imaginación.
“En nuestro sector la confianza se construye durante años y se puede perder en un solo proyecto”, Manuel Alfonso Rosas.
El salto a aguas internacionales
El primer chapuzón internacional llegó en Marruecos en 2008. Después apareció Chile. Pero el negocio cambió realmente con la entrada en México en 2013 y República Dominicana en 2017.
Allí Hidroingenia comenzó a participar en grandes desarrollos hoteleros y macroproyectos de resorts, algunos con decenas de instalaciones acuáticas dentro de un mismo complejo. Después llegaron Jamaica y, más recientemente, Zanzíbar.
Y la piscina convencional se les quedó pequeña. Hidroingenia trabaja en piscinas de resorts y deportivas, spas y circuitos de hidroterapia, parques acuáticos, zonas infantiles, lagos, playas artificiales e instalaciones de olas. En Benahavís, por ejemplo, ha participado en la ejecución de la gran playa artificial asociada al lago del Real de La Quinta Lake Club. “Más que crecer simplemente haciendo más piscinas, hemos intentado crecer haciendo proyectos cada vez más complejos, incorporando ingeniería, tecnología y conocimiento”, señala Alfonso.

El hospitality es hoy su principal motor. La compañía ha trabajado en proyectos vinculados a Marriott, Hyatt, Hilton o Four Seasons, entre otras muchas: «Un gran cliente hotelero no necesita únicamente que construyas bien una piscina. Necesita seguridad. Que cumplas los plazos, que controles los costes, que seas capaz de trabajar con arquitectos, ingenierías, project managers y constructoras de distintos países y, sobre todo, que respondas cuando aparece un problema».
El Caribe sigue siendo una de las regiones más dinámicas para Hidroingenia. República Dominicana gana peso por el volumen de inversión hotelera y la dimensión de los proyectos, mientras México mantiene su carácter estratégico por el tamaño de su industria turística. La compañía comienza además a pensar su expansión no tanto país a país como por grandes regiones y corredores hoteleros.
“La piscina del futuro no será solamente más bonita. Tendrá que ser también mucho más inteligente y eficiente”.
Equipos propios para crecer fuera
Hidroingenia cuenta con aproximadamente 170 trabajadores en España y otros 240 entre México, República Dominicana y Zanzíbar. Una plantilla directa cercana a los 400 profesionales.
Pero su impacto laboral va más allá. Cada obra moviliza empresas especializadas, instaladores, fabricantes y colaboradores locales, hasta el punto de que, dependiendo del número y tamaño de los proyectos en ejecución, el volumen de profesionales implicados puede ser considerablemente superior.

Internacionalizar una constructora es bastante más complicado que exportar un producto. Hay que trasladar conocimiento, personas, procedimientos, logística y estándares de calidad. Sin embargo, la compañía no ha alejado el centro de decisión. Desde Málaga se mantienen la ingeniería, los estándares técnicos, las compras estratégicas y el control de calidad. En los principales mercados internacionales se crean equipos propios cuando existe volumen suficiente.
“Nunca hemos querido abrir puntos en un mapa simplemente para decir que estamos presentes en muchos países”, asegura Manuel Alfonso.
La facturación se mueve entre 25 y 30 millones de euros y para 2026 la compañía espera crecer alrededor de un 10%. Y con los grandes clientes se repite una regla sencilla. Cuando se le pregunta cómo se fideliza a multinacionales hoteleras de ese tamaño, el empresario responde con una sola palabra: “Cumpliendo. En nuestro sector la confianza se construye durante años y se puede perder en un solo proyecto”.

Más eficiencia, menos consumo
La sostenibilidad plantea una aparente contradicción para una compañía que construye grandes instalaciones acuáticas. El CEO de Hidroingenia introduce un matiz: una piscina, un parque acuático o una laguna no están consumiendo continuamente toda el agua que contienen.
Las instalaciones funcionan mayoritariamente mediante recirculación. El agua se filtra, se trata y vuelve al circuito. El reto está en que se escape la menor posible: reducir evaporación, lavados de filtros, fugas, renovaciones innecesarias o una mala gestión de los vasos.
Y el tamaño tampoco lo dice todo. El diseño, la superficie expuesta, la profundidad o el sistema hidráulico pueden hacer que una gran instalación no implique necesariamente un consumo proporcionalmente mayor.
A esto, la tecnología ayuda: sistemas de filtración más eficientes, bombas de velocidad variable, automatización y control remoto permiten reducir consumos. La monitorización, los datos y la inteligencia artificial abren además la puerta a detectar anomalías y anticipar el mantenimiento.
En paralelo, Hidroingenia ya desarrolla el concepto Water Master Planning, con el que busca participar desde la concepción de los resorts y pensar todas sus instalaciones acuáticas como un conjunto: su relación con la arquitectura y el paisaje, la experiencia que generan y también su consumo y mantenimiento.
Después de tres décadas en la empresa, Rosas sigue encontrando algo diferente detrás de cada proyecto. “Un día estás estudiando una piscina infinity en un hotel de lujo, otro una playa artificial, un spa o un parque acuático en el Caribe”.
Y no parece que Hidroingenia haya agotado todavía las posibilidades del agua. Después de más de 15.000 instalaciones y medio siglo de actividad, parece que a Manuel Alfonso le quedan todavía muchas piscinas a las que lanzarse.

