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Una alianza por el progreso de la provincia

Francisco Salado, presidente de la Diputación de Málaga, nos explica como la provincia de Málaga encarará los retos que se le presentan en los próximos años

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Francisco Salado, presidente de la Diputación de Málaga

La fortaleza económica de la provincia de Málaga es innegable. Málaga está viviendo un periodo de esplendor y desarrollo sin precedentes.

Ya hemos hablado en muchas ocasiones de la conjunción de factores que se ha dado para este despegue tecnológico y empresarial. Desde nuestro potencial turístico hasta el teletrabajo.

Todos queremos mejorar la vida de los ciudadanos, que nuestras empresas sean más fuertes para que puedan generar más empleo y riqueza. Para que, a fin de cuentas, construyamos juntos una provincia mejor.

Las administraciones públicas pueden y deben crear las condiciones adecuadas para el progreso, para el crecimiento y para el bienestar de los ciudadanos.
Pero es la iniciativa privada, son las empresas, quienes crean empleo y riqueza.

Ahí radica precisamente el éxito de nuestra provincia, en la colaboración entre las dos esferas, la pública y la privada.

Tenemos numerosos ejemplos desde la Diputación de Málaga de que esa alianza da buenos resultados, como es el caso de Sabor a Málaga o los proyectos relacionados con la Senda Azul, entre otros.

Pero no basta con eso: las distintas administraciones públicas también tenemos que colaborar para encarar los retos a los que se enfrenta la provincia, que son muchos y complicados. Y tenemos que contar con la experiencia y buen hacer de la iniciativa privada. En definitiva, es hora de poner en marcha una alianza para seguir mejorando nuestra provincia, para continuar en la senda del progreso y hacer frente a los retos que se avecinan.

Málaga crecerá en más de 300.000 habitantes en los próximos siete años, tal y como señalan las previsiones del INE. Y eso conlleva una serie de oportunidades que, si no se acompañan con las inversiones necesarias –sobre todo en materia de movilidad, agua y vivienda– pueden convertirse en dificultades.

El caso más claro es el del tren litoral, que debe unir toda la costa malagueña y alcanzar el Campo de Gibraltar, pero hay otras actuaciones que se deben acometer sin dilación, como es el caso de las depuradoras de la Axarquía y de Fuengirola-Mijas o la puesta a disposición de suelo para construir viviendas, de modo que aumente la oferta y disminuyan los precios.

También hemos de tomar más medidas para aliviar los efectos del cambio climático. Los expertos alertan de que cada vez serán más frecuentes y más dañinos los temporales, como lamentablemente estamos viendo en este otoño.

En definitiva, Málaga es un referente económico, motor de una Andalucía que despierta y mira de tú a tú al resto de regiones de España; pero que debe diversificar su fortaleza económica, con el objetivo de que su solidez siga pivotando en torno al turismo, pero tenga grandes contrafuertes en el interior de la provincia, en sus pequeños pueblos y sus entornos privilegiados, con una industria agroalimentaria y medioambiental fuerte, estable y perdurable en el tiempo.

Y en este reto siempre estará esta Diputación cumpliendo con su papel: unir, cohesionar y promover nuestro territorio y nuestros pueblos.

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