Hasta entonces se dedicaba a la limpieza de empresas y cristales, pero supo detectar una necesidad desatendida: trabajos más especializados como el acuchillado de parquet y la limpieza de superficies complejas. Aprendió, formó un equipo y dio respuesta a esa demanda, lo que le permitió crecer y dar el salto definitivo en 1993.
Decisiones que cambiaría
“Si tuviese una máquina del tiempo y pudiese volver hacia atrás habría diversificado mucho antes y habría entrado en otros sectores de mayor valor añadido”, lamenta. También reconoce que habría impulsado antes la profesionalización de Grupo Cabello, convencido de que ese paso temprano habría acelerado y fortalecido aún más la evolución de la compañía.
Compañeros de viaje
En su afán por acometer nuevos proyectos, depositó la confianza en personas que no compartían su grado de implicación. Aquellas decisiones, que en su momento supusieron una decepción, le enseñaron a ser más selectivo tanto con los socios como con las iniciativas que emprende. Desde una trayectoria de más de 40 años, se diría que el emprendimiento exige fe en uno mismo y en los proyectos, voluntad inquebrantable, medir bien las propias fuerzas y escoger con cuidado a los compañeros de viaje, rodeándose de colaboradores incluso mejores que uno mismo.
Sueño conseguido
Volvería a sentir la emoción de 2010, cuando recibió la concesión de su primer concesionario Honda en Málaga, en plena crisis de 2008. “Yo tenía el sueño de tener el concesionario nº1 de España, y lo he conseguido”, finaliza.

