El año pasado, cada tres minutos despegó o aterrizó un avión en el aeropuerto de Málaga. En lo que va de año, ese intervalo se ha reducido aún más. Y se pretende seguir en esa línea.
El anuncio de la ampliación del Aeropuerto de Málaga–Costa del Sol, hecho oficial en julio de 2025, marca un auténtico punto de inflexión en el plan de vuelo de las instalaciones. No se trata de un simple ajuste operativo, sino de la mayor inversión aeroportuaria en Andalucía en lo que va de siglo: 1.500 millones de euros. Una cifra que no solo impresiona por su volumen, sino también por la ambición de lo que pretende lograr.
“Estamos ante un reto apasionante. No es una ampliación cosmética, sino una reconfiguración de la infraestructura que permitirá a Málaga competir con los grandes nodos internacionales”, resume Pedro Bendala, director del aeropuerto.
La hoja de ruta se desplegará a lo largo de dos ciclos regulatorios, el DORA III y el DORA IV, comprendidos entre 2027 y 2036. Durante este tiempo se irán alternando proyectos, licitaciones y fases constructivas que se ejecutarán sin interrumpir el tráfico aéreo, un desafío de coordinación digno de cualquier torre de control.
En el sector, la noticia ha caído como una confirmación de lo que ya se intuía: Málaga quiere ser mucho más que un aeropuerto de vacaciones: una ventanilla al mundo, una pieza clave de la movilidad global.
Los tres ejes de la ampliación
El proyecto se sustenta sobre tres pilares estratégicos definidos por Aena. El primero es la capacidad: el aeropuerto debe ser capaz de absorber el crecimiento natural del turismo en la Costa del Sol y la demanda internacional, pasando de los 30 millones de pasajeros de capacidad actual a más de 36 millones anuales, con margen para seguir ganando altitud en las próximas décadas.
De terminal turística a hub internacional. La ampliación del aeropuerto refuerza la marca Costa del Sol y abre la puerta a inversiones, turismo de negocios y conectividad con América y Asia
El segundo es la sostenibilidad. El plan contempla una reducción notable de la huella de carbono, además de un uso mucho más eficiente de los recursos energéticos e hídricos. Se trata de una estrategia alineada con los compromisos medioambientales europeos y con la creciente sensibilidad de los viajeros hacia infraestructuras verdes y responsables. En otras palabras, una manera de garantizar que el aeropuerto pueda seguir volando alto sin dejar demasiada estela de emisiones tras sí.
El tercer pilar es la accesibilidad. Málaga aspira a convertirse en un referente mundial en este terreno, garantizando recorridos inclusivos, intuitivos y cómodos para todos los viajeros, sin importar su edad, condición física o capacidad sensorial. La experiencia de pasar por la terminal deberá ser tan fluida como un embarque sin turbulencias.
Qué cambiará en la terminal
El diseño funcional aprobado por Aena en junio de 2025 recoge con detalle quirúrgico cada una de las intervenciones. La terminal será el epicentro de la transformación: pasará de los 80.000 metros cuadrados actuales a 140.000, con un incremento neto de 60.000 metros. Este salto permitirá ampliar zonas clave como los filtros de seguridad, que más que duplicarán su tamaño, pasando de poco más de 3.000 a 6.400 metros cuadrados. También crecerá el área de control de pasaportes, que multiplicará por cinco su superficie, de 650 a 4.000 metros, como si el aeropuerto añadiera nuevas puertas de embarque a su pasaporte global.
Aena transformará el aeropuerto: automatización total, más espacio, accesibilidad universal y experiencia tecnológica pero humana.
Las áreas de espera y embarque también vivirán una expansión notable. Las zonas Schengen aumentarán en un 126%, mientras que las dedicadas a vuelos no Schengen o de uso flexible crecerán un 381%. La oferta comercial crecerá en consonancia, con más tiendas, restauración y servicios, al incrementarse en más de 7.000 metros cuadrados. Las salas VIP se ampliarán con casi 2.000 metros cuadrados adicionales, y hasta los aseos se redimensionarán, garantizando que los viajeros encuentren siempre comodidad antes de su despegue.
El campo de vuelo, auténtico corazón operativo, también será objeto de reforma. Se añadirán 24 nuevas posiciones de contacto para vuelos no Schengen y se ampliarán las destinadas a tráfico europeo. Además, la doble rodadura entre pistas permitirá mejorar el tránsito de aeronaves y reducir los tiempos de rodaje, un movimiento estratégico para descongestionar el tráfico en hora punta.
Sin precedentes
La ampliación se articula en dos fases: DORA III (2027-2031) y DORA IV (2032-2036). En 2028 arrancarán las obras y en 2036 concluirá la mayor reforma en décadas.
Los accesos terrestres serán igualmente renovados. Aparcamientos de larga estancia, rent-a-car, abonados y exprés se reordenarán por completo, se abrirán nuevos viales internos y se construirá una conexión elevada hacia la MA-23. El gran cambio vendrá con el desarrollo del Acceso Norte desde la A-7, que permitirá descongestionar la entrada sur, como si se tratase de habilitar una nueva pista de aterrizaje para el flujo de vehículos.

Mucho más que ladrillos: un aeropuerto 3.0
El proyecto no es solo hormigón y acero. Aena habla de un aeropuerto digital y humano. Digital, porque la experiencia del pasajero será cien por cien automatizada: facturación, embarque, control de pasaportes. Humano, porque se ha diseñado con luz natural, climatización bioclimática y recorridos accesibles que buscan algo más que mover viajeros: quieren hacerlos sentir bien.
“Queremos que los pasajeros se encuentren realmente a gusto en el aeropuerto, no solo que lo usen como un mero espacio de tránsito”, insiste Bendala. Una declaración que encaja con la tendencia global: el aeropuerto como experiencia, no solo como infraestructura.
El impacto económico y turístico
El aeropuerto es, sin duda, la gran puerta de entrada de la Costa del Sol y la pista de aterrizaje de un turismo que representa más del 13% del PIB andaluz. En 2024, las instalaciones gestionaron 24,9 millones de pasajeros, con un crecimiento interanual del 11,5%. Solo en agosto de 2025 rozó los tres millones de viajeros, con 689 vuelos en un solo día.
Con la ampliación, los meses de temporada alta podrían alcanzar los seis millones de pasajeros, lo que situaría a Málaga entre los hubs de mayor tráfico del sur de Europa. El impacto va más allá del turismo: hablamos de más inversión internacional, de un refuerzo para la marca Costa del Sol y de un impulso para el creciente turismo de negocios.

El gran salto: la conectividad intercontinental
Si algo diferencia a un gran hub de un aeropuerto regional es el largo radio. Y Málaga quiere despegar en ese frente. Hoy ya cuenta con vuelos directos a Nueva York gracias a United Airlines, pero en el horizonte se vislumbran conexiones a Miami, Boston o Chicago.
En Oriente Medio, Qatar Airways ha convertido Málaga en destino permanente todo el año, mientras Turkish, Etihad y Saudia consolidan el mapa de conexiones. El tráfico hacia Asia todavía se realiza mayoritariamente con escalas en Estambul o Doha, pero el horizonte a medio plazo contempla la llegada de vuelos directos a China o Japón, ampliando así la red hasta los confines de la ruta de la seda moderna.
Málaga 3.0: despegar hacia el futuro
La ampliación del aeropuerto no se mide solo en cifras de pasajeros o metros cuadrados. Representa un salto estratégico para Málaga y la Costa del Sol. Es la pieza que faltaba para consolidar la narrativa de una ciudad cosmopolita, tecnológica y abierta, capaz de atraer talento, inversión y turismo de calidad.
Si la Terminal 3, inaugurada en 2010, fue la “Málaga 2.0” del boom turístico, esta ampliación será la Málaga 3.0: digital, sostenible y social. “Queremos que el aeropuerto sea reflejo de la ciudad que somos y de la que queremos ser”, concluye Bendala, convencido de que el futuro de Málaga ya tiene la pista despejada.

El calendario de vuelo
El plan se articula en dos fases. Durante el DORA III, entre 2027 y 2031, se acometerán las obras iniciales: el nuevo dique no Schengen y la ampliación de los filtros y pasaportes. En el DORA IV, de 2032 a 2036, llegará la gran transformación: la demolición de los antiguos muelles y la expansión hacia el sur.
El calendario está marcado con precisión. En 2025 se licitará la asistencia técnica. En 2026 se adjudicarán los proyectos. En 2028 arrancarán las obras y en 2036 se dará por concluida la ampliación. Un plan de vuelo de largo recorrido, que requerirá disciplina y coordinación milimétrica.
¿Posibles turbulencias?
Como en cualquier travesía aérea, el proyecto no está exento de turbulencias. Ejecutar obras de tal magnitud en un aeropuerto operativo exigirá una logística impecable. Las tramitaciones ambientales pueden retrasar plazos, y el contexto internacional, con un turismo expuesto a crisis sanitarias, conflictos o cambios en la economía global, añade incertidumbre. Aun así, la dirección del aeropuerto confía en que el proyecto aterrizará en buen puerto. Málaga cuenta con una posición privilegiada, un mercado turístico consolidado y un relato de ciudad innovadora que la convierten en destino natural de estas inversiones.
Presentación a las autoridades
Aena presentó en julio a las autoridades locales su propuesta de ampliación del Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol, un proyecto estratégico que se incluirá en el próximo DORA III a partir de 2027. El presidente y consejero delegado, Maurici Lucena, se reunió con el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y con el presidente de la Diputación Provincial, Francisco Salado, para detallar las principales actuaciones. Lucena subrayó entonces que la ampliación era “una muestra evidente del compromiso de Aena con la conectividad y el desarrollo de Málaga y Andalucía”. Recordó además que los aeropuertos siempre debían estar al servicio del territorio, garantizando la movilidad de ciudadanos y empresas. También remarcó que Aena había invertido de manera constante para contar con infraestructuras modernas, seguras, sostenibles y con tarifas aeroportuarias altamente competitivas para las aerolíneas, y agradeció la colaboración institucional recibida para impulsar el futuro crecimiento del aeropuerto.
¿Qué es el Plan DORA?
El Plan DORA III y IV prevé la ampliación del Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol. El Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA) es la herramienta que establece, en periodos de cinco años, las inversiones, objetivos de calidad y tarifas que rigen la gestión de los aeropuertos españoles. A través de este plan, el Gobierno fija las prioridades para garantizar el equilibrio entre conectividad, sostenibilidad y competitividad del sistema aeroportuario. En Málaga, el DORA ha sido clave para impulsar mejoras en el Aeropuerto Costa del Sol. El DORA I (2017-2021) permitió, entre otras actuaciones, la puesta en marcha del nuevo sistema automatizado de tratamiento de equipajes y la reordenación de accesos viarios. El DORA II (2022-2026) ha incorporado la modernización de espacios comerciales, la ampliación de las salas VIP y la mejora de los filtros de seguridad. Con el DORA III, a partir de 2027, se contempla la gran ampliación del área terminal y la demolición de la antigua T1.








