Marta González

¿Quién dijo miedo?

15/05/2012

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Marta González

No pasamos de largo ante los cambios que las nuevas tecnologías están produciendo en nuestro entorno. Las nuevas tecnologías constituyen en la actualidad un nicho de mercado en constante evolución que nos aporta: cambios, renovación, avance, desconcierto... y momentos de miedo que nos llevan hacia el desconocimiento en ciertos momentos de distintos aspectos que preferimos en ciertos casos no conocer. La excesiva confianza que hoy en día tenemos en nuestros dispositivos electrónicos, desemboca en una falta de seguridad que nos expone a ciertos riesgos y posibles fugas de seguridad.

Si dedicamos un momento a pensar que información contienen nuestros teléfonos, nuestros portátiles, nuestras tablets y qué clase de operaciones realizamos con ellos, y si todo ello lo dejáramos al descubierto, al alcance de aquel que quisiera conocerlo, descubriríamos la indefensión en la que  nuestra información personal y profesional se encuentra.

No por ello, debemos olvidar que toda oportunidad genera sus ventajas y sus inconvenientes, sus riesgos y sus oportunidades, y la tecnología nos lleva a ello. Estamos viviendo un momento donde la sociedad, en general, y el mundo de la empresa, en particular, viven un auge de la innovación informática en aras de la productividad y el mejor desempeño de los servicios, pero, en paralelo, está creciendo otro escenario que pasa desapercibido. Esa otra realidad, que a menudo no queremos conocer por el miedo de enfrentarnos a ella, como bien he comentado anteriormente, tiene como principal característica el uso de las tecnología con objetivos reprobables y delictivos, gracias a la ubicuidad de los dispositivos informáticos junto a cierta impunidad legal y desconocimiento de los usuarios.

Este mal uso de la tecnología, con una causa fraudulenta en muchos casos, llega a constituir un delito que habitualmente lo tildamos de tecnológico. Los delitos tecnológicos constituyen una amenaza al bienestar social en todos los ámbitos donde este se produzca. Partiendo de la base de que dentro del Código Penal no tienen un tratamiento específico, diremos que un delito se puede considerar tecnológico cuando se desarrolle principalmente en el ámbito de la tecnología, considerando que los datos o sistemas informáticos formen parte de la comisión del delito. Entre ellos podemos contemplar:

●      Delitos contra la intimidad, el derecho a la propia imagen y la inviolabilidad de domicilio: el descubrimiento y revelación de secretos, la usurpación de identidad y cesión de datos reservados de carácter personal.
●      Delitos contra el honor: calumnias e injurias, habiéndose especial mención cuando estas se realizaren con propagación y difamación.
●      Delitos relativos a la propiedad intelectual o la propiedad industrial.
●      Delitos relativos al mercado y a los consumidores: publicidad engañosa que se publique o difunda por Internet.

Si estamos en la red, si vivimos en la red, si negociamos por la red, no nos podemos quedar impasibles ante las nuevas formas de constituir un delito ya que estamos expuestos a ello. Hoy por hoy, queremos vivir ajenos a esta realidad pero el desconocimiento no nos exime de la posibilidad de ocurrencia de los hechos.

Pero ¿qué hacer? ¿Cómo poner barreras al campo? ¿Cómo avanzar con seguridad en esta marea tecnológica? La respuesta está en el conocimiento y en “¿Quién dijo miedo al avance?”. La mejor manera de enfrentar el miedo es afrontándolo y poniendo medios para generar la confianza suficiente para vencerlos.

Estamos ante el dilema de permanecer impasible ante la posibilidad de ocurrencia de los hechos, o de conocer cómo poder establecer mecanismos de prevención y seguridad en los dispositivos que usamos en nuestro día a día.

Ante esta situación es necesario entrar en un proceso continuo de formación y de establecimiento de mecanismos de control que nos lleven posee capaces de poner la tecnología al servicio de nuestro trabajo. Tenemos que conocer cuáles son nuestras debilidades, las de nuestros sistemas de información, realizar auditorías de sistemas y establecer medidas de seguridad que nos ayuden a poner trabas a la posible incursión en nuestros sistemas; aprender de los errores de los otros y poner los cimientos que produzcan el avance hacia la nueva era tecnológica  tratando de evitar en lo posible el que algo falle.

Por tanto, decir miedo, es poner barreras a la evolución, al conocimiento y al desarrollo de nuestra sociedad, de nuestra empresa y de nosotros como personas. El miedo nos impide conseguir aquello que nos proponemos, y con el uso de la tecnología podemos conseguir un resultado exponencial. Así que: ¡afrontémoslo!


Marta González es socia de Inforensa



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