Marta González

Mujer y tecnología

29/02/2012

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Marta González

Nadie tiene duda que en este momento estamos formando parte de una nueva era que está produciendo multitud de cambios, la mayoría de ellos protagonizados por la incorporación de las nuevas tecnologías a la vida profesional y personal de la sociedad. Estos cambios traen consigo una nueva era en la historia, protagonizada, principalmente, por el avance tecnológico, y que dejan latente el hecho de que haya personas que decidan subirse al tren o dejarlo pasar, generando diferencias sociales significativas. Debemos preguntarnos si estamos siendo protagonistas de esta nueva era o por el contrario estamos dejándonos llevar por la revolución tecnológica que está envolviendo la sociedad y dejando nuestro lugar a otros. Y sobretodo, habría que destacar el papel de la mujer en esta nueva época tecnológica, que la hace protagonista de una nueva desigualdad de género.

A lo largo de la historia, la relación entre la mujer y la tecnología ha sido un continuo empuje por las circunstancias sociales que le han llevado a introducir la tecnología en su vida diaria por la necesidad de cada momento. Desde los comienzos, la historia puso a la mujer en el papel de reproductora de la unidad familiar y cuidadora de los cultivos en las tierras de su propiedad, mientras que el hombre se dedicaba a la búsqueda de alimentos y elaboración de herramientas para la caza. El papel de la mujer se relegaba en el ámbito doméstico y dio el primer acercamiento a la tecnología cuando se produjo la I Revolución industrial, ya que el origen de esta relación surge por una necesidad. Hubo dos momentos de la historia donde la mujer se vio empujada al uso de la tecnología del momento. Durante la I Revolución Industrial y las dos Guerras Mundiales posteriores, surgió la demanda de mano de obra no cualificada para el manejo de las máquinas en las fábricas y, por tanto, las mujeres se tuvieron que incorporar al trabajo y aprender el manejo de la maquinaria. Así, fueron necesarias dos Guerras Mundiales y una Revolución Industrial para acercar a la mujer al uso de la tecnología. Hay que destacar que ese acercamiento sólo era para un uso productivo y por necesidad. La metodología del uso de la maquinaria era rutinaria y no para la creación de nuevos recursos o sistemas tecnológicos ya que, para el desarrollo en ese campo, era necesaria una formación más específica proporcionada en la escuela o en la universidad. La mujer no tenía acceso a la formación por los roles que desempeñaba y porque este campo se reservaba en exclusiva para el hombre.

Por tanto, la causa del distanciamiento de la mujer con la tecnología radica en dos puntos: la división sexual del trabajo que hizo que las mujeres, a medida que la sociedad avanzaba hacia el modelo actual, quedaran para tener y criar a los hijos, y para la multiplicidad de los trabajos domésticos; y por otro lado, la división entre trabajo manual e intelectual que alejaba a las pocas mujeres que tuvieron acceso a la cultura de un tipo de desarrollo como es el técnico.

La incorporación de la electricidad y el gas al ámbito doméstico, tecnológicamente revolucionó ese entorno donde la mujer se desenvuelve por el rol social que se le fue asignando a lo largo de la historia. Además, la informática ha irrumpido fuertemente en la sociedad y, con ello, la mujer se vuelve a ver “arrastrada” debido a los nuevos cambios sociales que se están produciendo entre ellos el impulso de las redes sociales como medio de sociabilización; la existencia en cada hogar, cada empresa, servicios públicos localizados ya en la red, generando información y ofreciendo nuevos servicios que proporcionan una mejor calidad de vida y sobretodo destacar que las nuevas generaciones vienen empujando fuerte, necesitamos conocer qué saben, para qué la utilizan y  con esta información poder educar a las generaciones futuras en un uso responsable de las nuevas tecnologías.
También es destacable que el papel de la mujer en la historia de la tecnología ha sido invisible. Mujeres como Ada Lovelace (1815-1852), hija de Lord Byron,  primera mujer programadora y Evelyn Berezin (1925), cuyas aportaciones son reconocidas como el origen de la creación de los procesadores de texto. También es destacable el papel de la Mujeres de ENIAC, donde, durante muchos años, los únicos nombres mencionados en torno a la primera computadora de la historia, la ENIAC, fueron los de dos hombres: John Presper Eckert y John William Mauchly. Pero entre esos nombres está Adele Katz (Goldstine) que redactó el manual para usar el ENIAC y formó a las seis mujeres que fueron claves para el funcionamiento del ordenador. Sus nombres fueron ocultados durante años y han sido recuperados recientemente para la historia de la computación.

Pero  esta “invisibilidad“ forma parte de la lucha a día de hoy en la sociedad. Las nuevas tecnologías están generando nuevas desigualdades entre hombres y mujeres. Se está constituyendo la denominada “brecha digital de género” que está emplazando a hombres y mujeres  a distintos niveles, generando una nueva clase social, basada en el desconocimiento y en el acceso a los medios tecnológicos en la vida diaria. El nivel de uso de Internet de las mujeres es de un 9,2 % menos que el de los hombres. Las mujeres se conectan un 10% con menos frecuencia que los hombres. En los usos de Internet,  los hombres lo emplean para el consumo y el ocio y las mujeres para el  bienestar social (empleo, salud o formación). Pero las razones del porqué las mujeres usuarias tienen un menor nivel de incorporación a las TIC y es más tardío, radica en que lo usan en menor porcentaje, con menor intensidad, y con menos habilidades. (Observatorio e-igualdad).

Por tanto, es una responsabilidad de todos los que estamos formando parte de esta revolución, el poner al servicio de la sociedad, la formación, los medios y los recursos para  reducir esta nueva desigualdad. Tenemos que  revitalizar y visibilizar el papel de la mujer en el mundo de la tecnología para crear referentes femeninos en las escuelas y la industria, ya que podemos, y está en nuestras manos, ser parte de esta Revolución Tecnológica. No debemos dejarnos arrastrar, sino tomar partido a través de herramientas como la formación y la información y, sobretodo, perder el miedo al mundo desconocido de las tecnologías. Se ha demostrado a lo largo de la historia que hemos tenido un papel invisible dentro del desarrollo de las tecnologías pero que hemos formado parte de este. Por tanto, debemos dar un paso al frente y colocarnos delante de esta nueva revolución tecnológica.

 

Marta González es socia de Inforensa


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