Manuel Paneque

Diseccionando al emprendedor de éxito

22/12/2014

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Manuel Paneque

 

¿No le gustaría abrir en canal (en sentido figurado, claro) la mente de Steve Jobs, Mark Zuckerberg o Bill Gates? ¿Conocer lo que les hizo triunfar y ser mundialmente reconocidos? A mí, sinceramente, no me interesa nada.

Prefiero los héroes locales, clientes a los que ayudamos todos los días a hacer realidad su idea, a pesar de unas circunstancias adversas que requieren estar hechos de una pasta especial. No muchas personas triunfan en los negocios, pero las que sí lo hacen comparten unos rasgos comunes, ingredientes que componen esa “pasta” que decíamos con la que se construyen las empresas sólidas.


-    Aprenden de sus fallos: La gran mayoría ha fracasado en sus intentos iniciales de fundar una empresa una media de 2,3 veces pero eso no les hizo desistir.

-    Se forman continuamente: Un 90% tiene estudios de grado medio o universitarios y siguen ampliando conocimientos, aunque no estén relacionados con su negocio.

-    Rondan los 40 años: Una media de edad con una varianza de 7,7 años que demuestra que consolidar un negocio lleva su tiempo.

-    Trabajaron en otras empresas: Más del 70% trabajó en otras empresas entre 6 y 10 años  antes de fundar la suya. Además, en sectores relacionados con el que finalmente desarrollan en sus empresas.

-    Proceden de la clase media: Tan sólo el 1% procede de clases ricas o pobres. Suelen tener mayor nivel educativo que sus progenitores.

-    El dinero les motiva: Es la razón principal para iniciar un negocio, aunque capitalizar una idea propia es el segundo motivo más habitual. Ningún emprendedor se lanzó a fundar una empresa porque no encontrara empleo.

-    Están casados y con hijos: La estabilidad familiar (70% de los casos) ayuda a centrar las ideas en garantizar un presente y un futuro para sus seres queridos.

Curiosamente, estos rasgos no son compartidos por los grandes gurúes mundiales que mencionábamos al principio. De hecho, podríamos decir que son opuestos, contradiciendo a esos ejemplos que, por lo excepcionales, no son útiles para la gran mayoría.

Por este motivo, me parece mucho más instructivo y motivador el estudio de ejemplos cercanos y realistas, aunque tengan nombres menos espectaculares que los de fundadores de empresas como Apple, Facebook o Microsoft.

Es hora de reivindicar a Ana, Juan, María o Javier en las escuelas de negocio para conocer la pasta de la que están hechos emprendedores de carne, hueso y, sobre todo, mentalidad emprendedora.


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