Arte de Cozina, exquisita memoria gastronómica de Málaga

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Charo Carmona, Arte de Cozina.
Charo Carmona, Arte de Cozina.

¿Cómo es?

En pleno centro de Antequera, en una preciosa casa del siglo XVII, se sitúa este excelente restaurante, con su recomendable taberna “Arte de Tapas” anexa, que basa su filosofía en exquisitas recetas tradicionales, muchas de ellas con una antigüedad de varios cientos de años, que plasman de manera magistral, gracias a su indiscutible rigor, así como por la elección de un producto muy escogido y de la máxima calidad. Y todo ello de la mano, muy buena mano, de Charo Carmona, propietaria y que también dirige los fogones.

En “Arte de Cozina” nos encontramos con mucho guiso de los de “toda la vida”, que constituyen una auténtica “cátedra” gastronómica, cuya visita debería ser obligatoria para todos los que aprecian la buena cocina, no solo por su interés histórico, sino por la delicadeza con la que están elaborados los platos.

Arte de Cozina
Arte de Cozina.

Nos gustó por…

“Arte de Cozina” es un restaurante repleto de autenticidad, y en donde, fundamentalmente, se come muy bien. Recetas centenarias, pero de plena actualidad, ya que han ajustado al gusto de hoy diferentes conceptos, como la intensidad de las especias o una presencia más contenida de las grasas, consiguiendo platos muy apetecibles, pero sobre todo, actuales.
Me encantó el “empedraillo”, un sabrosísimo potaje de arroz con garbanzos y chícharos, oArte de Cozina la “olla podrida”, engañoso nombre que, según nos explicaron, viene de “poderida”, es decir, olla de los poderosos, ya que incluye varios tipos de carne, que se envuelven en hojas de col con verduras y se sirven con un exquisito caldo, perfecto ejemplo de un plato con siglos de historia, al que Charo Carmona le ha proporcionado un hueco en la cocina actual.

 

Otro platos indispensables, sobre todo estando en Antequera, es la Porra, que elaboran en diferentes versiones. Al igual que la Perdiz en Caldo-Gazpacho, las manitas de cerdo o la lengua estofada… platos realmente exquisitos. Los postres son otra lección de historia, y en este caso, antigua, ya que pude probar platos cuyas recetas datan de los primeros siglos de nuestra era, como las Salutaciones, Almojábanas o la Capirotada de Cuaresma… y sorprende lo actuales que pueden llegar a ser.

El servicio en sala es atento y cercano, pero también discreto y profesional, es otro punto fuerte del restaurante, y del que son responsables Luis y Fran, hijos de Charo. Además, obsequian con cada plato una ficha con su historia y receta… precioso detalle. La carta de vinos, sin ser muy extensa, es muy acertada e incluye un vino que ellos mismos elaboran.
Un restaurante de visita obligada, que además es también un sencillo y pulcro “hotelito” lleno de encanto. Es decir… ¡Un planazo!

Por José Cabello                                                                     blogsobregustos.blogspot.com

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