¿Cuánto vale mi empresa o negocio?

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Es cada vez más frecuente que un cliente se haga esta pregunta, que puede perseguir diversas finalidades, y que acuda a un economista o auditor para que le calcule o asesore sobre el asunto en cuestión.

Las empresas ya no permanecen en el tiempo en manos de, por ejemplo, un grupo familiar, todo lo contrario; al salir de la crisis muchos quieren entrar y otros salir de los negocios, para buscar nuevos riesgos, mercados o oportunidades. En un mundo tan variable, los negocios evolucionan, cambian de manos o de estrategia, se fusionan con otras empresas, se escinden negocios para maximizar su valor, se separan los socios, entran los empleados como parte del accionariado, salen a bolsa, fallece el fundador y mil causas más.

Es entonces cuando el economista se desplaza a la empresa para conocer su presente, analizar el pasado, e intentar predecir algo de su futuro. Así mismo, el interesado pretende que se le proporcione una cifra exacta del valor de su empresa, en base a la cual tomará una decisión, ¿puede haber algo más complejo?

Después de recopilar toda la información el economista, en su despacho, no para de hacerse preguntas: el precio, el valor, la utilidad, la oferta y la demanda, … y al final llega a la conclusión de lo que esta emitiendo es una opinión, basada en cálculos, actualizando o corrigiendo valores, eligiendo el método adecuado para cada empresa o para el fin perseguido, valorando aspectos como el capital intelectual y los recursos humanos que cuenta la empresa, algo fundamental para la continuidad del negocio.

El calculo de dicho valor debe ser lo más objetivo posible, por lo que se aplicara la técnica más adecuada en función de la finalidad perseguida. Para ello, existen diversos métodos, algunos basados en el pasado (valor patrimonial o analítico), o en el mercado (valor por comparación o múltiplos), o en el futuro (valor de rendimiento o sintético, flujos de renta).

Pero hay algo que lo hace aún más complejo, la separación de los socios en empresas familiares donde no hayan tenido la precaución de disponer de un protocolo familiar, fundamental para marcar un camino. Un documento eminentemente empresarial, que aunque en los casos de un gran conflicto no es la panacea, si sumamos una mediación adecuada, un protocolo práctico y una valoración ajustada, ilumina la luz al final del túnel del conflicto.

David Fernández Olmedo                                                                                       Socio de Consultores Vera & Fernández. Tesorero del Colegio de Economistas de Málaga. Miembro del Consejo de Economistas Contables

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